domingo, 13 de diciembre de 2020

Inmaculada Concepción de María

 Escrito por el sacerdote Manuel Cantero y publicado en su blog el 8-12-2019.


LITURGIA    La Inmaculada
                      Celebra hoy la Iglesia la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, una de las fiestas más luminosas, que nos lleva al privilegio excepcional que obtuvo María de no tener el pecado original que marca la vida de la humanidad desde su concepción. María fue preservada de esa mancha por privilegio especial de Dios, y en aplicación adelantada de los méritos de la redención de Jesucristo. De modo que María fue también redimida, para no caer; nosotros somos redimidos después de haber contraído la mancha inicial, por pertenecer a la descendencia de Adán.
          La 1ª lectura (Gn.3,9-15.20) nos narra esa realidad con la riqueza de imágenes propias de la Biblia. Dios dio al hombre y la mujer todo el dominio de la existencia, pero con la condición de respetarla. Y como una prueba simple de que respetaba los planes de Dios, puso Dios el veto sobre el árbol de la vida. De ese árbol no podía comer, porque representaba la paternidad de Dios, y desgajar su fruto equivalía a desgajarse de Dios. Una prueba muy simple, pero válida para mostrar la obediencia a Dios, que había dado toda la Creación para disfrute del género humano.
          Adán y Eva se saltan el plan de Dios, echan mano del fruto de ese árbol, y en ese momento pierden la amistad con Dios. Dios pregunta qué han hecho y Adán le echa la culpa a Eva, Eva se la echa a la serpiente, como elemento de tentación que les ha engañado, prometiéndoles que con la comida de aquel árbol serían como dioses. Pecado, pues, de soberbia, de pretender arrebatarle el poder a Dios.
          Y Dios maldice a la serpiente y hace una promesa de renovación del plan salvador: pondrá enemistad completa entre la mujer y la tentación. Esa Mujer será la Madre del redentor que derrotará al demonio. Esa Mujer no tendrá relación alguna con la tentación. Esa Mujer está concretada, al cabo del tiempo, en la persona de María. He ahí por qué esta lectura para definir a María como Mujer inmaculada.

          La Maternidad de María sobre el Hijo de Dios está expresada en el evangelio de hoy (Lc.1,26-38), y el secreto está en que María sí es obediente a Dios en todos los detalles, y cuando Dios le presenta su plan de salvación, en el que cuenta con ella, obedece rendidamente y pronuncia su palabra de rendición absoluta a la voluntad de Dios: Hágase en mí según tu palabra. Y en ese instante el Verbo de Dios, el Hijo del Dios Altísimo, entra en el seno de Maria bajo la acción del Espíritu Santo.

sábado, 5 de diciembre de 2020

ADVIENTO SEMANA 1ª (Lunes al sábado) CICLO B

Reflexiones de las lecturas de la Semana 1ª del Tiempo de Adviento-CICLO B, tomadas del año 2017, excepto el viernes, que ha sido tomada del año 2011, ya que en 2017 coincidió con la Inmaculada. 

LUNES

Entramos en la 1ª semana del Adviento. Isaías, al que  bien podemos llamar “el profeta del adviento”, nos abre la liturgia del día con un texto de mucha longitud de mirada, para un pueblo que estaba exiliado y que añoraba su patria y su culto. A ellos les levanta los ánimos el profeta y les hace soñar con lo que ocurrirá “al final de los días”. ¿Final de los días del destierro? ¿Final de los días de un largo período del pueblo? ¿Estará proyectando Isaías hacia el final de los tiempos? Sea como sea, en ese “final” el pueblo va a recuperar su dignidad y va a ser el pueblo que Dios dirige, que Dios defiende, que Dios encamina.

          Por lo pronto será la vuelta a Jerusalén, que se constituirá en centro hacia el que confluirán todas las naciones: los gentiles y pueblos numerosos… Lo que está hablando de algo más allá de la vuelta a la Jerusalén terrena, porque los judíos son muy suyos y no acogerán a todas las naciones. Hablamos, entonces, de algo más amplio, de una Jerusalén, ciudad abierta, o sencillamente de otra Jerusalén, que va a constituir el Mesías cuando aparezca.
          Toca, pues, mirar a la esperanza de liberación con unos horizontes mucho más amplios que la vuelta del pueblo a Judea y Jerusalén. Toca pensar en la nueva Jerusalén hacia la que confluirán todos los pueblos: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas, porque de Jerusalén saldrá la ley, la palabra del Señor.
          La vida se hará así una vida nueva en la que de las espadas se forjarán arados, y de las lanzas podaderas…, de los instrumentos bélicos, instrumentos de producción, de riqueza de ese nuevo pueblo.
          Todas esas novedades son estímulos que el profeta presenta ante el pueblo de Dios para levantarle los ánimos y hacerles ver que Dios se hará presente “al final de los tiempos” y que el pueblo volverá a ser libre y dueño de su destino. Pero en la realidad la promesa va mucho más allá, y “el final de los tiempos” mira, por lo pronto, a los tiempos mesiánicos. Y nosotros podemos todavía llevarlo más lejos y plantearnos el momento del personal encuentro con el Señor, que nos ha de llegar de aquí a no mucho tiempo.

          El evangelio (Mt.8,5-11) es el del centurión con un criado enfermo. Era un hombre bueno que se interesa por sus súbditos. Habría gastado dinero en médicos pero sin resultado, y el criado estaba grave. Ya no le quedaban medios humanos que poner cuando pensó en aquel hombre –Jesús- que pasaba por Palestina curando enfermedades. Y optó por dirigirse a él.
          Mateo nos dice que acudió el centurión en persona, diferenciándose el evangelista de los otros textos paralelos, que nos dicen que envió unos emisarios. En Mateo es el propio centurión quien viene a Jesús y le ruega por su criado. Y Jesús está dispuesto a irse con él a la casa para curar al enfermo.
          Ahí surge la fe de aquel centurión que se confiesa indigno de que Jesús baje a su casa, y le sugiere que diga simplemente una palabra y su criado –está seguro- curará. Y arguye que él tiene criados y soldados a sus órdenes, y él los maneja con la palabra. Manda y ellos ejecutan.
          Admiró a Jesús aquella fe y pronunció su palabra de curación. Y comentó ante los presentes que no había encontrado en las gentes de Israel una fe como aquella.
          La elección de este evangelio en el adviento irá por la decisión de Jesús de ir a curar al enfermo…, de bajar y ponerse ante el criado, de hacer acto de presencia. Piensa el centurión que no es necesario, y que basta la palabra. Sin embargo cuando nosotros rezamos esa oración, no decimos a Jesús que no venga, sino que su palabra nos purifique para hacernos menos indignos y poder recibirlo.

          A lo que yo añado una reflexión sobre el modo de orar nosotros esa palabra que repetimos cuando vamos a comulgar. Una palabra que se presta a la rutina, al rezo de papagayo, y que toca decir cuando toca decirla, pero que no la reposamos como oración en la que hablamos con Jesús como habló aquel centurión con el alma en sus palabras y haciéndose oír.

          Preparamos así un adviento inmediato, que se produce en la comunión, en la que se verifica en nosotros una etapa de ese “final de los tiempos”, esos en los que se hará definitivamente real el encuentro cara a cara con el Señor.

MARTES

Te doy gracias, Dios

Liturgia:
                      Una lectura muy expresiva del adviento (Is.11,1-10), que casi habría que copiarla entera porque revela la novedad absoluta que supondrá la liberación prometida por el Señor. Narrada con imágenes muy bellas, muy orientales, pone de relieve la prosperidad que vendrá a la llegada del Mesías, nacido como renuevo del tronco de Jesé, vástago que florecerá de su raíz.
          Será algo especial y fruto directo de Dios, pues se posará sobre él el espíritu del Señorespíritu de ciencia y discernimiento, de consejo y valor, de piedad y de temor de Dios, remarcando éste último “espíritu”: le llenará el espíritu de temor del Señor. Mal entiende el lenguaje bíblico quien interpretara ese “temor” como un espíritu divino de miedo a Dios, de terror ante Dios, porque la Biblia siempre que expresa el sentimiento de “temor” añade en el renglón siguiente la idea del amor, de la adhesión, del respeto filial, la reverencia. Y ya dice San Pablo, escribiendo a los romanos que no hemos recibido espíritu de miedo para recaer en el temor, sino el espíritu de hijos para llamar a Dios: ‘Padre’.  Y el contexto lo pide, porque Isaías está pretendiendo elevar la esperanza del pueblo exiliado, y no la iba a levantar predicándoles un Dios al que hay que tenerle miedo.
          Consecuencias de ese Espíritu de Dios que va a presidir, no juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas…, defenderá con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al pobre… Será la justicia ceñidor de sus lomos…
          Y para poner todo eso en imagen, añade ese poético párrafo, de belleza extraordinaria para indicar la paz, la buena fe, la novedad de esa etapa que se abre con la venida del Mesías: habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo con el león… Pastarán juntos. Un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid y meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
          ¿No es todo eso contra natura? Pues aún así, ese será el efecto de la llegada del Mesías. Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos…, el Señor tenderá otra vez su mano para recatar al resto del pueblo.
          ¿Verdad que resulta bello y reconfortante el seguir esa lectura? Máxime cuando ahora ya no la leemos desde la angustia de aquel pueblo sino desde la experiencia gozosa de que Jesús ha llegado y es una realidad entre nosotros. La leemos desde otra concepción del adviento –el adviento litúrgico- que ya no es una espera desesperada sino una seguridad de Jesús actuando en la vida de las personas y, en definitiva, de la Iglesia. Ya no se trata de tener que esperar sino de ponerse en acción…, de plantearse en la vida real lo que inspira el tal Espíritu del Señor. Y lo que quizás nos puede tocar para hacer vida ese lobo que habita con el cordero, esa pantera con el cabrito, ese novillo paciendo tranquilamente con el león, ese no ser envenenado por el áspid o la serpiente. Un mundo de paz donde siempre hay una capacidad de interpretación que favorece y no condena.

          Más aún: con el evangelio (Lc.10,21-24), hay por todo una elevación del alma a Dios y convierte la crítica farisaica de aquellos que se habían puesto contra Jesús, en una emoción del Corazón de Cristo que exclama: Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Preciosa reacción. Y como quien vuelve sobre su propio pensamiento, sigue diciendo: Sí, Padre, porque así te ha parecido mejor.
          Todo eso supone que es el Padre quien da la gracia para conocer al Hijo, los entresijos del Hijo, como que es el Hijo quien revela al Padre, sin cuya inspiración nadie podría conocer al Padre. De ahí que a Jesucristo se le conozca como sacramento del Padre porque lo mismo que los sacramentos son realidades visibles que nos hacen conocer lo invisible y divino, así Jesucristo nos hace conocer al Padre a través de las obras y la vida humana de Jesús, que era tan fácil de conocer. Pues bien: quien me ve a mí, ve al Padre. Y quien va descubriendo a Jesús, va descubriendo a Dios Padre.

          Todo esto nos hace sentir el adviento como una acción de gracias a Dios, porque nos lleva como Padre amoroso hasta sus brazos. Y nos pone ante Jesús para que mirándolo a él, repitamos su vida y la hagamos patente, y nos vaya acercando a la vivencia de un adviento que no pasa de largo. Ahora toca CONCRETAR a realidades de la vida personal para no quedarnos en la poesía de la 1ª lectura ni en una acción de gracias tan genérica que no refleja el pensamiento de Jesús.

MIÉRCOLES

Manjares enjundiosos

Liturgia:
                      Otro texto de Isaías (25,6-10) para mostrar la novedad que va a suponer el día en que el Mesías haga su aparición en la tierra. Porque el Salvador y libertador del RESTO de Israel va a venir. Y su llegada va a suponer un cambio esencial en la vida de aquel Pueblo. De su penuria como  desterrados va a surgir un suculento banquete de manjares enjundiosos y vinos generosos.
          Es más: El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y alejará el oprobio de todo el país. Y todo eso será una realidad porque aquel día se dirá: ‘Aquí está vuestro Dios’, de quien esperábamos que nos salvara. Celebremos y gocemos con su salvación.
          Aparece claramente todo el sentido triunfal del anuncio profético, para que ese RESTO no se desencante con el paso de los años. Es cierto que han de pasar cientos de años hasta que ese anuncio se cumpla. Pero la promesa va también pasando de padres a hijos y de hijos a nietos, por generaciones, que saben que la palabra de Dios no fallará, aunque aún no puedan vislumbrar que ha llegado el momento anunciado.

          Se podría haber respondido a aquellas ansias de salvación con cualquier episodio evangélico. La liturgia ha preferido escoger Mt.15, 29-37 para poner de manifiesto cómo realmente el Pueblo halló ese manjar en la venida y en la acción de Jesús.
          Jesús ha bordeado el Lago y tras él se ha juntado una muchedumbre que ansía encontrarse con él, porque le llevan sus tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros, que echaban a los pies de Jesús. Esa es la necesidad humana. El resumen de una desgracia social que podría representar muy bien a aquel pueblo que esperó durante siglos la llegada del Salvador. Esta muchedumbre de ahora, con todas sus carencias, ha encontrado al Mesías. Y el Mesías responde curando a los enfermos y dándoles la comida generosa que tanto necesitaban cuando estaban a punto de desfallecer por el camino, y por el tiempo que llevaban sin comer.
          Jesús llama a sus discípulos y les hace una confesión de su sentimiento ante aquella multitud que le sigue: la da compasión, me da lástima de la gente, porque llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen por el camino. Ese es el Mesías Salvador. Ese es el Mesías que había sido anunciado, que iba a cambiar las cosas. Ahora lo tienen allí, y su obra responde a lo anunciado por el profeta. Esperábamos que nos salvara…, y la presencia de Jesús les lleva a la liberación. Por lo pronto, de cada una de aquellas enfermedades y carencias que acarrean sobre sus espaldas. Pero más allá de esas enfermedades y de ese pan material, hay otra liberación mucho más fuerte y honda, que mira a lo profundo de la persona, al nuevo estado de cosas que surge de la presencia de Jesús. Verdaderamente el mundo ha cambiado. Y con creces. Del hambre pasan a que sobran cestos de pan, después de haber comido una multitud con sólo 7 panes y unos pocos peces. Jesús les da más de lo necesario y aquella obra de Jesús les muestra que han llegado los tiempos esperados en los que se cumple aquella profecía del festín de manjares suculentos y vinos de solera. Se ha cumplido la promesa y el Mesías esperado esta allí entre ellos.


          La pregunta que se impone es si la posición ventajosa que tenemos nosotros, con Jesús “al alcance de la mano”, nos supone ese festín, que se traduce en algo concreto para ese adviento. Y si dejamos que se verifique en nosotros esa “multiplicación” por la que un panecillo se convierte en ventaja para otros y para uno mismo, en un crecer de nuestras respuestas a las insinuaciones de Dios en nuestra alma. Porque algo puede manifestarse como frutos concretos de este período de tiempo que estamos viviendo y en el que la Iglesia nos quiere llevar de la mano a gozar de la venida del Señor.

JUEVES

Sobre roca

Liturgia:
                      Sigue Isaías (26,1-6) expresando las novedades que se van a producir con la venida del Mesías: Dios defiende a su Pueblo, con murallas y baluartes, haciendo de él una ciudad fuerte. Y el Pueblo que observa la lealtad, entrará por las puertas abiertas. Confiando en el Señor que es su Roca perpetua, su seguridad. En cambio a la ciudad que oprimía, la humilla, la abaja hasta el polvo.
          De hecho Babilonia se acaba para el pueblo de Dios, mientras que ese Pueblo vuelve a su patria y a su templo.

          Pasamos al evangelio, tomado del final del Sermón del Monte (7,21.24-27). Empieza con una advertencia de Jesús. Con él no está alguien por el sólo hecho de que se le llame “Señor”. Jesús se hace presente cuando la persona conoce y vive la voluntad de Dios, el Padre que está en el cielo.
          Ya ese comienzo es suficiente para hacer pensar. Echamos una mirada alrededor y encontramos numerosos creyentes que viven  muchas formas exteriores de religiosidad pero están lejos de acoger de verdad los 10 mandamientos. Y no digamos si ya entramos en temas evangélicos en los que correspondería sobrepasar los Mandamientos y entrar en terrenos del Sermón del Monte o de las muchas enseñanzas de Jesús, que conducen a irse acercando a lo que Dios quiere. No es inútil esa reflexión porque la llamada del adviento no se queda en aspectos superficiales, y ni siquiera en mirar a la  venida de Belén.
          Ahora se trata –en palabras de Jesús- de construir la vida sobre roca firme, sobre actitudes fuertes. Pone Jesús la comparación de la casa construida sobre roca, que no puede ser derruida por las avalanchas de los ríos ni por los embates de los vientos. Construida sobre roca, tiene sus cimientos tan hondos como la roca misma.
          Ya puede ocurrir alrededor lo que ocurra, ya pueden fallarnos los hombres, ya puede haber un cataclismo en la Iglesia…, no se hunde la fe del creyente ni se cambian los pensamientos, ni se alteran los criterios. Como decía San Claudio de la Colombiére: “he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento; en cuanto a mí, estoy seguro” porque me he afincado en la persona de Jesús, y mi adviento nunca se puso en bombillas de colores ni en árboles de navidad, ni en esperanzas que se derrumban como belenes de cartón.
          La esperanza que se viene abajo es la que se construyó sobre arena, como la casa que se construye sobre suelo lábil, porque en cuanto soplan los vientos o los ríos se desbordan, la casa se abate. Y esto no es imaginación ni mera parábola. Lo mismo que las catástrofes naturales parecen cebarse en los más pobres, (y la realidad es que los pobres no pudieron construir sobre roca), así ocurre en el ánimo de aquellos que son impresionables por cualquier contrariedad. Acaban desesperando y reaccionan fuera de lógica, que con frecuencia atañe a su fe y a su misma relación con Dios.
          Así encontramos hoy día a tantos escandalizados de la Iglesia o de los que somos iglesia, porque no dimos la talla que ellos esperaban. Y en vez de situar el problema en lo personal de “alguien” en concreto (que puede haber fallado), rompieron por la calle de en medio y proyectaron contra la iglesia todas sus quejas. Y su ruptura. Y su pelea. Habían puesto su fe donde no está el objeto de la fe. O bien podría decirse que lo que en ellos se albergaba no era propiamente la fe teologal sino una emotividad religiosa que se viene abajo en cuanto le tocan a la emoción religiosa de esa persona. ¿O no será que le toca a su idea particular de lo que apoyaba su YO más cómodo? Cuando Jesús habla de la “casa sobre arena”, está abarcando todo ese conjunto de posibilidades de una fe que carece de sustentáculo real.
          La liturgia nos ha situado hoy este evangelio en este día de adviento como un complemento o reafirmación de la “ciudad fuerte” de la 1ª lectura, para que nuestro enfoque de vida en estos momentos sea muy arraigado en eso de buscar hacer la voluntad de Dios. De ahí ese comienzo del texto evangélico que nos advierte de la superficialidad de quien invoca a Dios y dice: “Señor, Señor”, pero no vive de acuerdo a la voluntad de Dios.

            Que nuestro adviento vaya sobre roca. Y eso se traduce en realidades que tienen que plasmarse en cosas concretas que nos puedan hacer dar un paso en nuestra preparación a recibir la visita del Señor.


VIERNES

Del año 2011.
¿CREEIS O NO CREÉIS
Viernes 1º de adviento
Las lecturas son las propias de este tiempo: un pueblo oprimido, desterrado, que empieza a “perder la vista” de su fe. Isaías,, profeta que comunica en nombre de Dios que VERÁN. Hasta el desierto echará flores. Hasta los sordos oirán. Se acabó el opresor. [y aún quedaban siglos…; pero la fe no tiene reloj]. Y cuando aquellos ciego se llegan hasta la casa donde está Jesús y le piden la vista, Jesús les hace una pregunta: ¿Vosotros creéis que Yo puedo hacerlo? CREÍAN QUE SÍ,. Y volvieron a ve,r y a irse por aquellos lugares gritando su alegría.
He pensado si hoy buscarán a Jesús para VER… Si hoy CREERÁN que puede hacerlo. Y respondiéndome que sí, imagino a ese mundo ciego que se vuelve loco al VER, al VOLVER A VER. Porque en la oscuridad que tanto ciega con gafas oscuras, saltarán de gozo y no podrán ya callarse quienes VEN DE NUEVO, Y CREEN DE VERDAD QUE ES POSIBLE VER OTRO MUNDO DIFERENTE.


SÁBADO

El Reino está cerca

Liturgia:
                      Is.30,18-2123-26 sigue en la línea habitual de estas lecturas de adviento, con una carga notable de promesas esperanzadoras, que van adelante independientemente de la respuesta del pueblo. El pueblo no tendrá que llorar porque se apiadará Dios a la voz del gemido de ese pueblo, apenas se oiga.
          Puede ser que Dios dé el pan medido y el agua tasada y que el pueblo no nade en la abundancia y hasta que carezca  de algo. No obstante ya no se esconderá vuestro Maestro…, tus ojos verán a tu Maestro.
          Es posible que el pueblo se desvíe a derecha o a izquierda; entonces escuchará una voz que le llama al verdadero camino para que camine por él.
          El Señor dará la lluvia para la semilla y dará el grano para la cosecha, y será substancioso; los ganados pastarán en amplias praderas. Y así va poniendo delante el nuevo mundo que vendrá con la llegada del Mesías, que va a hacer una realidad feliz. Va a ser como la luz, que la de la tarde va a lucir como la de la mañana y la de la mañana lucirá siete veces más. Todo esto va a suceder cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe.

          El Salmo responderá a todo este precioso panorama con la exclamación: Dichosos los que esperan en el Señor, nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

          Pasamos al evangelio (Mt.9,35 a 10,1.6-8). Es la conmiseración de Jesús ante el pueblo que le sigue, al que le anuncia la buena noticia de la salvación, y –pasando a la obra- cura todas las enfermedades y todas las dolencias, porque estaban las gentes extenuadas y abandonadas, ‘como ovejas que no tienen pastor’. Es esa una figura que se le clava a Jesús en el alma. ¿Por qué las gentes le siguen y –en ocasiones- se olvidan hasta de comer? Precisamente porque han buscado su refugio en los mentores del pueblo y no han encontrado acogida. Se vienen a Jesús y Jesús les acoge, les habla con el alma, les cura sus enfermedades… Son gentes que “no tienen pastor” y se acogen a Jesús que es el Pastor bueno que está siempre abierto a las gentes.
          Jesús entonces se vuelve a sus apóstoles y les incita a orar a Dios para que Dios envíe trabajadores a su mies. Él hace su parte, pero Israel necesita de buenos pastores que se ocupen del bien del pueblo, y que se acerquen a él con el corazón abierto y el desinterés completo. Buscando ese beneficio de las gentes y no los propios provechos.
          Y como en una aplicación concreta de la oración que él mismo ha suscitado, multiplica por doce su acción, enviando a los suyos a predicar por las ciudades y aldeas a las ovejas descarriadas de Israel, anunciando la buena nueva: El Reino de los cielos está cerca. Y como un anticipo de ese reino en que Dios sea el rey, curad a los enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Es así la mano de Dios, “el dedo de Dios” el que aparece por encima de las desgracias y dolencias y carencias que padece aquel pueblo. Queda así concretado en realidades patentes los anuncios proféticos de la 1ª lectura. La llegada del Mesías realiza ese mundo de misericordia que el pueblo está necesitando, y que –en definitiva- le acerca a Dios porque puede entender –por los hechos- que Dios está detrás de aquellos tiempos que viven tan dolorosamente, pero que van a quedar luminosamente salvados por la venida de Jesucristo.
         

          El meollo de todo eso hay que succionarlo en este momento presente nuestro, y por tanto en el sentido de este período litúrgico que estamos viviendo y que debe tener su traducción concreta en alguna respuesta personal. Soy consciente de que al cabo de muchas llamadas en este sentido, somos capaces de ponernos el impermeable y que todos estos toques resbalen en nosotros y sigamos en lo que tenemos y no nos actuemos en alguna concreción aplicada a nuestro caso particular. El peligro es que demos por hecho todo lo que podemos dar y que ya no haya un planteamiento sobre algún detalle que muy bien podríamos aplicar a nuestro caso. El adviento litúrgico es más que la casulla morada y el moderno e importado encender de la vela de adviento. Esa luz que luce ahora y que va emprendiendo otras conforme avanzan las semanas, es un buen símbolo para decirnos que cada semana pide una nueva luz en nuestro proceder personal, y que debe acabar con la LUZ DE BELÉN, el encuentro con Jesús en nueva plenitud.

SAN FRANCISCO JAVIER

Recojo los textos que he encontrado de los últimos años, escritos en el blog por el sacerdote Manuel Cantero, que falleció en 2020 a causa de complicaciones relacionadas a la covid-19


AÑO 2018

 San Francisco Javier tiene para los jesuitas una importancia muy grande, porque representa como un icono en la formación de la Compañía de Jesús. De ahí que hoy se celebre este día como fiesta litúrgica en las iglesias de los jesuitas, con lecturas propias.

            Francisco Javier representa el modelo de misioneros, por el inmenso celo de las almas que siempre mostró, y que le llevó a recorrer naciones, siempre en el deseo de alcanzar almas para Cristo, y que así fueran salvadas. Se dice que había momentos en que le dolían los brazos de tanto bautizar a los paganos de la India y Japón. Y murió a las puertas de China, porque allí pensaba que podía estar la clave de la conversión del continente.
            De ahí la 1ª lectura: 1Cor.11,32-12, 2. Que expresa –en palabras de Pablo- su celo ardiente por la conversión de las almas: Hermanos: El hecho de predicar no es para mi motivo de orgullo. No tengo más remedio y ¡ay de mi si no anuncio el Evangelio!
            Con palabras de Pablo aplicadas a Francisco Javier, Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo seria mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Se siente misionero en la médula de su vida, y por eso  su “paga” es dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

            En el evangelio de Marcos. 16, 15-20 tenemos el mandato de Jesucristo para ir a anunciar el evangelio: ≪Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación≫.  Ese fue el acicate que impulsó a Francisco Javier a lanzarse a esos amplios mundos por los que él fue llevando la buena noticia. Y como Jesús dijo: El que crea y sea bautizado se salvara; el que no crea será condenado, Francisco Javier tuvo verdadera obsesión por bautizar a aquellas gentes que fue encontrando.
            A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedaran sanos. Ya se sabe que hablaba Jesús en símbolos, porque no era la parte física la que le preocupaba más. Eran esos demonios del pecado y de los vicios…, o ese nuevo lenguaje que se deriva de haber acogido el evangelio lo que realmente le llenaba su interés.
            Los enfermos del alma, la carencia de la fe, eran las enfermedades que buscó socorrer, en sus largas jornadas de apostolado, en las que algunas veces iba tan agotado de fuerzas que él dice que tenía que agarrarse a la cola de los caballos para poder desplazarse de un lugar a otro en el Japón de sus sueños.
            Y pudo tener la satisfacción de ver que el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban. Y eso que no llegó a llenar su sueño de entrar en la China, adonde no sabía si le esperaban los mandatarios o las cárceles, si se atrevía a entrar en aquel misterioso imperio.
            La muerte le llegó en la isla de Sanchón, a la vista de China, pero sin entrar en ella. Es un verdadero ejemplo de celo apostólico, que le ardía en su pecho, por la gloria de Dios.
            San Francisco Javier es el patrono del Apostolado de la Oración.

AÑO 2016

Hoy es el día de SAN FRANCISCO JAVIER, el Patrono del APOSTOLADO DE LA ORACIÓN. Y el evangelio del día viene como anillo al dedo, por cuanto que él fue uno de esos “trabajadores” –incansables- que acudieron a la llamada de Jesús. Su ir de un sitio a otro, siempre con la idea de mejor y mayor extensión del reino de Dios…, de buscarle a las “ovejas” los mejores pastos y el mejor Pastor, le constituyen Patrono de misioneros y Patrono de esa “retaguardia de oración” que se fundó un día de su Santo bajo el nombre de APOSTOLADO DE LA ORACIÓN.

AÑO 2014

HOY ES DÍA DE SAN FRANCISCO JAVIER ,
PATRÓN DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN
Sin que vayamos a establecer un ranking de importancia entre los santos, San Francisco Javier sí puede decirse que es uno de los santos jesuitas que es más conocido. Su vida misionera que abarcó los más extremos lugares de Asia, desde Goa –algo así como su cuartel general- hasta Japón y China, a cuyas puertas murió en el anhelo  de  llegar al corazón de la cultura predominante  en aquel continente, para poder –desde allí realizar una evangelización más amplia. Su gran corazón le permitía soñar con ese paso, aunque no sabía si acabaría en la corte de Pekín o en la cárcel. En la Isla de Sanchón, frente a las costas de la gran metrópoli, esperando –sin resultado- al mercader que lo introdujera en la capital, murió a los 46 años.
El APOSTOLADO DE LA ORACIÓN, por su doble entidad de ORACIÓN y APOSTOLADO, de ORACIÓN Y SERVICIO, y por sus mismas raíces originarias de anhelos misioneros de jóvenes estudiantes, lo asumió como PATRONO Y MODELO.
Personalmente había sido un estudiante un tanto fanfarrón que aspiraba a honores humanos desde una cátedra de profesor en la prestigiosa Universidad de la Sorbona, de París… Pero allí se encontró compartiendo habitación con un estudiante entrado en años, Ignacio de Loyola, que le martilleó frecuentemente con esa palabra evangélica: “Javier, Javier, ¿de que te vale ganar el mundo si arruinas tu vida?  De ahí a hacer los Ejercicios Espirituales bajo la mano de Ignacio, fue todo uno. Y cambiarse el rumbo de sus deseos, también. Formó parte del grupo con Pedro Fabro, ya sacerdote, y otros más, y peregrinaron a Roma donde acabó constituyéndose, bajo la guía del Papa lo que era el grupo inicial de la Compañía de Jesús.
Por hechos providenciales acabó siendo enviado a la India, aunque su destino era Portugal. Pero Dios escribe siempre derecho y FRANCISCO JAVIER fue enviado a las misiones. Y sus diez año de misionero fueron ejemplares, habiendo días que le dolía el brazo de tanto bautizar, y otros en que para poder caminar, tenía que cogerse a la cola de los caballos japoneses porque su cuerpo ya no daba para más tras los días intensos catequizadores.
Las cristiandades actuales de esos lugares mantienen la impronta que les dejó Francisco Javier.


AÑO 2013

SAN FRANCISCO JAVIER
          Estudiante en la Universidad de París vino a compartir habitación y  bolsa con Ignacio de Loyola, quien le repitió mucho: ¿De qué te vale ganar el mundo entero si arruinas tu vida? Se unió a Ignacio y otros para constituir la Compañía de Jesús. Ordenado sacerdote, fue enviado a como misionero a India y Japón. Incansable, indoblegable en su intento de llevar la fe cristiana a todos los que él pudiera.
             El Apostolado de la Oración nació un 3 de diciembre, para dar a un grupo de inquietos estudiantes jesuitas la visión misionera que hay en toda obra cristiana, también en el estudio (cuando es el momento de estudiar).  Vivir un SERVICIO en la Iglesia ya es apostólico. Y se vive orando en todo momento, y orando cuando se trabaja, se estudia, se realiza la propia labor.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Domingo 1º de Adviento - CICLO B

 Liturgia: Comienza el ADVIENTO

                      El pueblo deportado había recibido esperanzas del mensaje de los profetas. Llega, por fin su liberación y el tiempo pasa y la realidad no se corresponde con las expectativas que habían concebido. (Is.63,16-17 y 64,1.3-8). Y el pueblo se hunde en su pesimismo y desesperanza. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado, todos nos marchitábamos como forraje.
En medio de todo eso, la única esperanza es que Dios haga acto de presencia… Vive el pueblo esa ansia de un advenimiento del Señor como única solución. El pueblo no puede confiar en sí. Pero mira a Dios y espera.
Y ora, diciendo: ¿Por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón? ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!
          El pueblo sigue esperando la acción de Dios y que actúe porque sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos…; aparta nuestras culpas y seremos salvos.
          Puede observarse el grito del adviento, mezclado de dolor, de esperanza, de contrición y de novedad en la vida de la persona. Es la labor de Isaías, para levantar los ánimos.

          Se completa con la 2ª lectura (1Cor 1,3-9) que es como la respuesta a la pregunta del pueblo. Pablo ha recogido motivos de esperanza, como una respuesta a las expectativas del Pueblo: Dios os ha dado la gracia en Cristo; por él habéis sido enriquecidos en todo; de hecho no carecéis de ningún don; él os mantendrá firmes hasta el final. Dios os llamó a participar de la vida de su Hijo.
          La espera de aquel largo adviento no se encierra en un tiempo. Queda abierta también a épocas posteriores, en las que ahora la venida del Hijo del hombre debe tomar cuerpo en la actitud de los cristianos que se pongan seriamente a prepararse para la venida del Señor.

          Que es lo que –en sentido pleno- se dibuja en el evangelio (Mc.13,33-37) que ya se proyecta en la última venida de Jesucristo, para la que tenemos que estar dispuestos y preparados en el momento mismo en que hayamos de encontrarnos personalmente con él. Es el paso definitivo para nosotros, puesto que ya nosotros no tenemos que esperar la venida del Mesías, y el adviento litúrgico nos aboca a ese instante en que hayamos de realizar el encuentro real con el Señor. Es uno de los sentidos reales del adviento, al que tenemos más o menos idealizado con la preparación a celebrar la Navidad. Ese es un sentido, pero no es el único. El otro es al que verdaderamente nos tenemos que disponer con una actitud seria y realista.
          San Ignacio nos quiere poner de cara al Señor, a la hora de tomar actitudes en la vida, enfrentándonos a la realidad de la muerte o del juicio definitivo: ¿qué querríamos entonces haber hecho?, ¿cómo querríamos entonces haber tomado nuestras decisiones?

          Nos ponemos de frente a la EUCARISTÍA y a la par que nos gozamos de ese encuentro real con Jesucristo, nos hemos de plantear cómo queremos que sean nuestros pasos en este caminar hacia el mejor perfeccionamiento de nuestra vida actual. Porque el tiempo que se nos concede mientras tanto, debe ser un período de preparación para el momento en que venga el dueño de la casa, si al atardecer o a la medianoche, o al canto del gallo o al amanecer, para que no sea momento inesperado y no nos encuentre dormidos.
          Así concluye el evangelio de hoy en boca de Jesús: Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!


          Pedimos al Señor vivir el sentido pleno del adviento.
-          Para que la Iglesia camine con decisión al encuentro del Señor, Roguemos al Señor.
-          Para que los fieles cristianos sepamos vivir el adviento de hoy, mejorando en la vida diaria, Roguemos al Señor.
-          Para que la realidad presente nos abra camino al encuentro definitivo con Jesucristo, Roguemos al Señor.
-          Para que cada Eucaristía nos suponga un paso nuevo en nuestro crecimiento cristiano, Roguemos al Señor.

Danos, Señor, la gracia de vivir el día a día, de manera que te agrademos y que encontremos el abrazo de tu Corazón paternal.

          Lo pedimos por Jesucristo, N.S.



AÑO 2014

Experiencia de ADVIENTO  
          No me quedo simplemente en “anunciar” el Adviento, como un pregón obligado en este momento en que cambia el año litúrgico y comenzamos de nuevo por el principio. Hablo de una experiencia de adviento como algo que hemos de tener para que signifique algo este cambio de decoración, esta nueva llamada que nos hace la Iglesia y, que sobre todo, hemos de sentir nosotros en nosotros mismos.
          La 1ª lectura de hoy ya es muy significativa: tiene las dos etapas: una, inicial, que pone en Dios la causa de los sufrimientos y extravíos propios. Siempre es más fácil preguntarle a Dios esos porqués, que revertir sobre uno mismo.
          La segunda etapa es la de la entrada de la persona en sí misma y en su realidad personal, y hacer reconocimiento y confesión de su propia culpa: Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado, nuestras culpas nos  arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti.
          Éste es el momento del adviento, el momento salvador: el reconocimiento y la confesión de la propia realidad, y desde ahí el volverse al Señor y buscar en Él la salida.
          El Salmo nos abre ese camino: el de la súplica humilde, desde la realidad personal humildemente reconocida: Señor Dios nuestro: ¡restáuranos!; que brille tu rostro y nos salve.
          El paso de la 2ª lectura es ya la respuesta. Pablo empieza por un saludo y bendición: La gracia y la paz de parte de Dios. La gracia que trae la paz; la paz que es signo de haber quedado invadidos por la Gracia. Ambas vienen “de parte de Dios”, y las comunica a través de Jesucristo. Y nos afirma Pablo que hemos sido enriquecidos en todo, y que en nosotros se ha probado el testimonio de Cristo. En nuestro vivir, en nuestro sentir, en nuestro expresar, en todo ese mundo que hay en nosotros. Porque de hecho, no carecéis de ningún bien. Y así, pertrechados por la riqueza de Cristo, aguardáis la manifestación de nuestro Señor. Él os mantendrá firmes hasta el final. ¡Y Él es fiel!
          Con esa fidelidad que pone Cristo en nosotros, ha de venir la vigilancia sobre nosotros, que nos la pone por delante el Evangelio: VELAD, Todos tenemos una tarea encargada. Aunque de momento “se ausentó” esa estancia física de Jesús, sin embargo hemos de tenerlo presente en cada punto de la i que hablamos o expresamos. Porqua no sabemos el momento de regreso del dueño y para ese instante tenemos que estar preparados.
          El ADVIENTO tiene, pues, dimensiones mucho mayores que las de cuatro semanas escasas y un recuerdo del Niño Jesús. El ADVIENTO abarca cada pensamiento, palabra, obra actual… Y todo esto actual está mirando a VELAR para recibir a Jesús en el momento en que sea la definitiva llegada personal de Jesús a cada persona. ¡Cuántos que vivieron el pasado adviento aquí junto a nosotros y que ya tuvieron su encuentro definitivo!
          De ahí que –sin olvidar la primera lectura que exige un cambio de mentalidad en cada uno para ser muy sinceros en el análisis de la propia verdad-, el camino que estamos haciendo tiene que buscar un nuevo escalón de ascenso.

          Un nuevo escalón que nos conduzca a una EUCARISTÍA más sincera en nuestro modo de vivirla, de saberla sentir como viático para el nuevo camino que vamos a comenzar.



1.-Hoy comienza el ADVIENTO. En Enero empieza el año civil. En Octubre empieza
el año escolar. En Adviento empieza el año litúrgico.

2.- ADVIENTO es la preparación a la venida del Señor en Navidad. Debemos
prepararnos a ello con fervor para que la Navidad no sea sólo fiesta, regalos y
reuniones familiares. Deberíamos procurar que Jesús venga también a nuestro
corazón y nos haga un poco mejores.

3.- Comenzamos este año el ciclo litúrgico B, que tiene como base, para la lectura
continua, el Evangelio de San Marcos que es el más antiguo de los cuatro
Evangelios, y sirvió de base a los evangelistas Mateo y Lucas.

4.- Cada evangelista tiene su modo de contar.
San Lucas enlaza todo como en un viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén.
San Mateo amontona los milagros y las parábolas que ocurrieron en momentos
diferentes.
San Marcos, que era niño en tiempos de Jesús (era el muchacho que apareció en
Getsemaní envuelto en una sábana cuando el prendimiento del Señor), cuenta la
predicación de San Pedro, pues se fue con él a Roma.
San Juan escribió su Evangelio el último, alrededor del año cien.

5.-De los Evangelios no se conservan los originales, lo mismo que de todos los
libros de aquel tiempo, pues entonces se escribía en hojas de papiro, que es un
material deleznable.

6.- Pero de San Marcos tenemos un papiro (el 7Q5) encontrado en una de las
cuevas de Qumrán escrito por el año 40, es decir, diez años después de Jesucristo.
Esto es un tesoro maravilloso.

7.- Este papiro ha sido identificado por el P. O¹Callaghan, S.I.


Contemplamos tres venidas del Señor, la primera en la carne, la segunda en el alma, la tercera a la hora del juicio. La primera tuvo lugar en medio de la noche según las palabras del evangelio: “A medianoche se oyó un grito: Ya está ahí el Esposo.” (Mt 25,6) Esta primera llegada ya ha pasado, porque Cristo se ha hecho visible en la tierra y ha conversado con los hombres.

Ahora estamos en la segunda venida, a condición que estemos preparados para que pueda venir a nosotros, pues ha dicho que “si le amamos vendrá a nosotros y habitará en nosotros” (cf Jn 14,23). Esta segunda venida es para nosotros una venida mezclada con incertidumbre, porque ¿quién sino el Espíritu de Dios conoce los que son de Dios? Aquellos que son arrebatados por el deseo de Dios saben bien cuándo viene, pero no saben “ni de dónde viene ni a dónde va”(Jn 3,8).

En cuanto a la tercera venida, es cierto que tendrá lugar e incierto cuándo tendrá lugar; ya que no hay cosa más cierta que la muerte ni cosa más incierta que el día de la muerte. “Cuando los hombres hablen de paz y seguridad, entonces, caerá sobre ellos la ruina de improviso, igual que los dolores de parto sobre la mujer embarazada, y no podrán escapar.” (1 Tes 5,3) La primer venida se efectuó en la humildad y ocultamiento, la segunda es misteriosa y llena de amor, la tercera será manifiesta y terrible. En su primera venida, Cristo ha sido juzgado por los hombres injustos; en la segunda nos hará justicia por la gracia; en la última juzgará todo con justicia y rectitud: Cordero en la primera venida, León en la tercera, Amigo lleno de ternura en la segunda venida.


AÑO 2011


AURORA TRAS LA TORMENTA

DOMINGO 1º DE ADVIENTO.- Ciclo B
Ayer estábamos entre esa secuencia estridente de las garras de la fiera que descuartizaba y trituraba, aunque con el amanecer en lontananza de Jesús invitando a velar para que NO SE EMBOTE NUESTRA MENTE (que es lo peor que nos puede pasar), porque una cosa es la persona que cae y puede levantarse, y otra la que se ha embotado de tal modo que se enfanga en el mal y está tan embotada que no puede ni levantarse.
Y cuando esa secuencia angustiosa de la película, con sonidos estridentes parece que nos ahoga (no perdamos de vista que se nos estaba avisando de algo tan definitivo y trágico como la muerte, simbolizada en el FINAL de un año litúrgico), surge un silencio que serena el alma, y una aurora luminosa y una música serena nos meten de pronto en un horizonte de esperanza y luz: ES EL ADVIENTO, que no habla de muerte sino de vida que nace.

El Evangelio de hoy, con ser parte de la secuencia anterior, tiene otra “música”. Se sigue insistiendo en VELAR, en saber estar preparados para cuando llegue el momento, y sin embargo suena con TIEMPO POR DELANTE, suena a esperanza de preparar camino y realizar tarea.
Desde la 1ª lectura hay unos brazos tendidos de esperanza: Tú, Señor, eres nuestro Padre; tu nombre es siempre “nuestro redentor”… Vuélvete con amor a tus siervos… ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, DERRITIENDO LOS MONTES de nuestra soberbia.
Esta música maravillosa, no se escuchó nunca; esta luz diáfana no pudo verse jamás…, SI NO ES EL TI, NUESTRO DIOS. Sales al encuentro del que intenta vivir honradamente y se toma en serio tus caminos.
¡Y todos éramos pecadores, sucios, sin bondad en el alma; aún los que aparentábamos de bueno, era un paño manchado! Ni te invocábamos, Señor, aunque Tú eres nuestro Padre.

Como en una sinfonía solemne, irrumpen a toda fuerza los violines y las trompas con la palabra de Pablo: “La Gracia y paz de parte de Dios NUESTRO Padre, y del Señor Jesucristo. [Esto suena ya a canto de ángeles de Nochebuena]. Cristo es la misma Gracia de Dios que nos enriquece en todo… ¡AGUARDAD LA MANIFESTACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO! Él os mantendrá firmes hasta el final.
Si queremos darle nombre a todo esto, ES LA NAVIDAD.
Y si queremos ser realistas. El mensaje es el mismo de ayer…, pero con rostro de NIÑO QUE NACE y es siempre fuente de esperanza.
¡¡¡ESTAMOS EN ADVIENTO!!!






NUEVO PERIPLO, EL ADVIENTO. Nuevo enfoque de mi reflexión

LA NOVEDAD DEL ADVIENTO
No sólo es que el Adviento siempre habla a nuevo. Es que yo voy a intentar llevaros conmigo a un adviento del que disfruto hace muchísimos años.
San Lucas es el evangelista del adviento. El DVIENTO duró siglos, muchos siglos. Por eso Isaías -8 siglos anterior a Jesús- es el profeta que más aparecerá en estos días. Y dicho esto, me vuelvo al principio.
Comienza San Lucas: “Puesto que muchos han emprendido el trabajo de coordinar la narración de las cosas verificadas entre nosotros, según nos las trasmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares…"
San Lucas no fue discípulo de Jesús. No vio con sus ojos. Pero es hombre culto, honrado, parte historiador y, mucho, hombre de fe, ha leído muchas narraciones de aquella vida de Jesús. Unas le han interesado más. Otras, menos. Algunas, nada, salvo la curiosidad del “cuentecillo piadoso” y lleno de fantasías, de aquellos primeros cristianos que pretendían “llenar lagunas” o ver un puro milagro sobrenatural. (Son los evangelios apócrifos (no revelados por Dios, que unas veces encierran costumbres de la época, historietas más o menos verosímiles, y muchas fantasías).
Por eso Lucas, el médico, no se limitaba tomar de aquí y de allí. Él sabe que hay muchas cosas escritas, muchas verdades sublimes, y mucha necesidad de expurgar. Y para eso tiene a mano “testigos oculares”, contemporáneos de Jesús o muy cercanos a “los suyos”, que desde el principio habían visto y oído o recibido de primera mano. Y, además, “ministros de la palabra”. ¡Que no es decir poco!
La devoción pretende que la gran confidente de Lucas fue María, la Madre de Jesús, y por eso Lucas es el “evangelista de la infancia”. Por lo que yo puedo sabes, eso queda en la “piedad” pero no en los hechos históricos probados.
Lo que sí es cierto –son cosas que se verán a lo largo de este periplo- es que testigo ocular y plenamente fidedigno de Lucas fue el Espíritu Santo, Por eso Lucas será el evangelista más humano, más sencillo, más asequible…, a la par que el gran evangelista del Corazón misericordioso. Para el que quiere entrar por primera vez en el Evangelio, yo siempre le llevo a San Lucas.
Él, sus datos, mi fantasía (apoyada en ciertas costumbres de Isreal), va a ser nuestro acompañante en el Adviento, si Dios quiere. Por supuesto que MARÍA va a ocupar el protagonismo, como persona que vivió de lleno el adviento histórico, y fue parte esencial de él.
Con Lucas, “he resuelto yo también, después de haberlo investigado (meditado gozosamente muchísimos años) escrupulosamente desde su origen, escribírtelas por su orden, excelentísimo Teófilo [persona amante de Dios], para que reconozcas la solidez de las enseñanzas que aprendiste.

viernes, 27 de noviembre de 2020

carta al cielo

 Querido sacerdote: hace ya unos meses que te fuiste, cuando se inició la pandemia del covid-19, y estarás disfrutando tu merecido descanso en la Paz de Dios en el cielo. Aquí las cosas ya ves como están. Cuando te marchaste, te libraste de una buena, porque hubiera sido todo muy complicado, pero ojalá estuvieras aquí abajo. La verdad es que si lo pienso no me acostumbro aún a la ausencia de nuestras charlas y confesiones, a los mensajes de correo...

Es muy triste todo lo que está ocurriendo aquí abajo, pero ya sabes, y ahora mejor, el motivo. Con tu marcha han muerto algunas cosas irreemplazables. Es triste.

SE ACERCA EL FINAL DEL AÑO LITÚRGICO

 Estamos a las puertas de un nuevo año litúrgico, y por tanto a las puertas del Adviento. Esa última frase viene a ser ya la alborada de ese nuevo momento, que debe crear en nosotros una ilusión y una nueva actitud. El Adviento abraza no sólo la esperanza de un nuevo curso en la liturgia, sino que nos hace proyectar la mirada en la última venida del Señor, cuando vendrá sobre una nube con gran poder y gloria. Es el momento que nos dice que se acerca nuestra liberación definitiva.

(Padre Cantero 28-11-2019)

Jesucristo Rey del Universo

El sacerdote Manuel Cantero, partió a la casa del Padre en Marzo de este año 2020, víctima del Covid 19. El año anterior, escribió esto el domingo Fiesta de:

Jesucristo Rey del Universo

                      Toda la historia antigua del pueblo de Israel está fundamentada sobre la idea del Reino de Dios. Dios es el único que puede ser Rey de Israel. Mientras el pueblo se mantuvo en esa idea, Israel fue próspero. Cuando el pueblo pretendió parecerse a otros pueblos nombrándose otros reyes, la historia de Israel va pegando tumbos. Se centrará de nuevo en David, como rey, y no ya en su persona solamente sino como inicio de una dinastía, de la que va a surgir el verdadero y único Rey, que es Jesucristo. Jesucristo es el Rey de Israel y el Rey del Universo.
          Cuando los fariseos pretendieron que les concretara cuándo iba a llegar el Reino de Dios, él les responde que no den crédito a los que digan que “esta aquí” o “allí”, porque el Reino de Dios está entre vosotros, o por decirlo en forma directa: el Reino de Dios es Jesucristo mismo, y el Reino de Dios está donde Cristo está.
          En el Padrenuestro nos enseña Jesús a pedir que venga a nosotros el Reino de Dios. Y él llega y es proclamado Rey y él se manifiesta como Rey. El evangelio de hoy es muy expresivo (Lc.23,35-43): sobre la cruz de Jesús, Pilato planta un letrero, que dice: JESUS NAZARENO REY DE LOS JUDÍOS. Y cuando los sacerdotes pretenden que lo cambie, Pilato –hasta entonces condescendiente de más- se afianza en lo escrito. Jesucristo es Rey.
          Y llega aquel malhechor crucificado a su derecha a reconocerle como Rey y le pide que te acuerdes de mí cuando estés en tu reino, y Jesús asiente a aquel título y le dice que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso, en mi Reino de felicidad.
          Ese es el reinado de Jesús; ese es el reinado de Dios. No es un reino humano, un reino de poder e influencias, sino una cruz, desde donde reina Jesucristo, y ese Paraíso prometido al malhechor que ha hecho acto de fe en ese rey ajusticiado como él en un patíbulo infamante de una cruz.

          La 1ª lectura -2Sam.5,1-3- nos muestra la elección que hacen las tribus del norte de Israel, que escogen a David como rey, de acuerdo con Dios que ha prometido: Tú serás el pastor de Israel, tú serás el jefe de Israel. Y lo ungen Rey. Naturalmente David no podía ser el rey para siempre porque moriría. Pero aquel reinado se prolonga hasta los tiempos de Jesús: el hijo de David, el rey de Israel, en quien se verifica ya el Reinado de Dios.

          Y la 2ª lectura –Col.1,12-20- nos dirá que Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él… Porque en él quiso Dios reconciliar consigo todos los seres, los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

          El año litúrgico nos ha ido llevando en dos líneas paralelas a esa síntesis de nuestra vida que está plasmada en los misterios de la vida de Jesús, por una parte, y en los misterios de la vida de la Iglesia, a través de los domingos del año. Todo ello culmina finalmente en la FIESTA DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO en la que se recopila todo y da sentido a todo, porque Jesucristo es nuestro rey.
          No se trata de establecer comparación con los reyes de la tierra. El Reinado de Dios es otra cosa. No es reino de poder sino dominio sobre nuestras almas para que en todo momento vivamos de cara a Dios y cumplamos sus decretos. O lo que es lo mismo: para que el evangelio sea nuestra pauta de conducta. No sólo nuestra materia de meditación y oración, sino ley de vida.

          Sea la EUCARISTIA el centro de nuestro conocimiento interno del Corazón de Cristo, y que así reine en nuestros corazones, en el sentir y en el pensar y en el querer. Porque Jesucristo reinará cuando pensemos al modo suyo, sintamos con sus sentimientos, y amemos lo que él ama.