domingo, 13 de diciembre de 2020

ADVIENTO SEMANA 2ª (Lunes al sábado) CICLO B

 Reflexiones de las lecturas de la Semana 2ª del Tiempo de Adviento-CICLO B, tomadas del año 2017.

DOMINGO

Liturgia del 2ª domingo de Adviento-B
                      Hoy hay dos puntos de referencia: el mensaje y el mensajero. El mensaje es antiguo y ya lo pone Isaías en la 1ª lectura (40,1-5.9-11), que tendrá su momento definitivo con la aparición en escena de Juan Bautista (Mc.1,1-8).
          El mensaje es de consuelo, que Dios ofrece a su pueblo, que ya ha pagado sus culpas con el exilio, y al que ahora Dios le tiende su mano. Y el mensaje es una llamada a enderezar las actitudes del pueblo, expresadas en comparaciones muy fáciles de entender. Hay soberbias engreídas que necesitan abajarse para dejar un terreno llano. Hay baches y fallos que necesitan ahora terraplenarse, superando esas situaciones. Hay caminos torcidos con muchos recodos de justificaciones falsas, que hay que poner derechos con la rectitud de la verdad. En definitiva; ante Dios no valen las actitudes mediocres, engañosas, poco limpias… Todo eso hay que hacerlo camino plano por donde el Señor pueda entrar sin obstáculos.
          Todo eso es fácilmente inteligible y lo que tenemos es que trasladarlo a nuestras realidades para comprender que a Dios no se puede ir en zigzag, porque a Dios no se le puede engañar. Ni Dios tiene que venir a nosotros en zigzag como si fuera un intruso que no  puede llegar de frente. El mensaje es claro. La aplicación del mensaje es menos fácil, porque es la parte que nos toca a nosotros.
          Pero Dios quiere que ese mensaje sea proclamado desde lo alto del monte, desde donde ha de gritar al pueblo, para que sepa que aquí está vuestro Dios, que llega con fuerza y su brazo domina. Su mano reúne a las ovejas y lleva en brazos a los corderos.

          El comienzo del evangelio de Marcos, que hoy se lee, es una solemne proclamación de que ha llegado la buena noticia de la llegada de Jesucristo. Pero esa llegada tiene sus pasos en la historia del Pueblo de Dios. Y el paso primero es Juan Bautista, que es ahora la voz que grita en el desierto, adonde se ha instalado. Viste y come con mucha austeridad. No se predica a sí mismo. Hace presente en una última etapa ese mensaje de Isaías: allanad los caminos al Señor. Y evitando todo posible error de las gentes que podían fijarse en él como el propio mesías, proclama que viene detrás de mí uno que puede más que yo, y del que yo no soy ni digno de desatarle las correas de sus sandalias. (Era oficio propio de los criados). Juan no se ve ni digno de eso. Pero anuncia la llegada del Mesías, que ya llega, que viene detrás, y que bautizará en Espíritu Santo, mientras yo sólo bautizo con agua. Declara Juan que él no hace más que un rito exterior para significar algo, y que será ese Mesías que llega el que bautizará con el fuego de Dios.
         
          La 2ª lectura (2Pe.3.8-14) es una lección de pedagogía del adviento. Por lo pronto para Dios mil años son como un día y mil días como un año, es decir, no hay tiempos como para nosotros. Para Dios el tiempo es “YA”. Por tanto, el no tarda en cumplir sus promesas y somos nosotros los que no nos disponemos bien a recibirlas. Pero él tiene mucha paciencia porque no quiere que nadie perezca sino que todos se conviertan.
          Nos lo podemos aplicar como llamada a nosotros, a los que nos va llegando poco a poco esa hora que narra ahí San Pedro como hora final, y que debe traducirse en que si todo este mundo se va a desintegrar, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor.
          Parece un texto expresamente dedicado al adviento… ¿O no será que el mensaje del adviento es totalmente real y coincidente con la vida? Y que nos está enseñando doblemente a llevar una vida “santa y piadosa”, que se va haciendo poco a poco cada vez mejor, y con ello nos vamos disponiendo al encuentro último al que nos llama el Señor y nos lo pone delante este período litúrgico tan constructivo.
          Concluye la lectura con el resumen final: Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables. Y ya que eso no puede decirse del tiempo anterior, se nos ofrece la oportunidad que sea la tónica de vida y acciones que nos acerquen a ese ideal que nos ha trazado San Pedro.

          Nos queda que apoyarnos fuertemente en la EUCARISTÍA, y que de ella tomemos vigor para vivir de acuerdo con el espíritu que pide este tiempo que estamos viviendo, a la espera de recibir al Señor en nuestra vida de cada momento.

LUNES

Liturgia:
                      Una vez más la liturgia nos sorprende con una serie de comparaciones atrevidas para anunciar la dicha que traerán los tiempos mesiánicos. Is.35,1-10 merece la pena ser leído con fruición porque nos pone delante un verdadero paraíso: el desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Sólo este comienzo ya es un botón de muestra de lo que va a ser esta perícopa bíblica.
          Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de corazón: ‘sed fuertes, no temáis’. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.
          La presencia de ese Dios es la que cambiará todo el panorama y hará que la vida adquiera una dimensión salvadora. Y como eso había de hacerse patente a los ojos de aquel pueblo deprimido, lo plasma el profeta en una serie de hechos extraordinarios en la vida corriente: Se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Para una mente tan imaginativa como la oriental, estas afirmaciones eran inmensamente significativas de la nueva realidad que iba a traer la llegada del Mesías salvador, y les expresaba de modo evidente el cambio radical que iba a producirse en la vida del pueblo.
          Y por si fuera poco, brotarán las aguas en el desierto; el páramo será un estanque; lo reseco, un manantial. Toda una revolución de la misma naturaleza. Para concluir con una afirmación que desciende ya a lo normal: Vendrán a Sión con cánticos; en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Y para poner negro sobre blanco, Pena y aflicción se alejarán.
          El más imaginativo poeta no hubiera podido describir mejor el triunfo del bien sobre el mal, el nuevo mundo que vendrá cuando el hombre haya colocado a Dios en el centro de su historia. Un mensaje que si ahora los medios de comunicación empezaran a extender, acabaría atrayendo a muchas personas a este nuevo paraíso que sobrevendría al colocar a Dios en el centro de la vida. Porque no otra cosa pretende ponernos delante el adviento, que nos anuncia el nuevo mundo que surgirá a partir de la llegada de Jesús. Si los medios de comunicación hicieran la labor de aquellos profetas, heraldos de la verdad, darían que pensar a esas masas de gentes que hoy viven alejadas de la salvación de Dios.

          “Saltará como un ciervo el cojo”. Es el tema que apuntala el evangelio de hoy (Lc.5,17-26) con el hecho real de un paralítico imposibilitado de todo, al que Jesús le sale al paso. Lo traían unos hombres en una camilla, porque el enfermo no podía valerse por sí solo. Se toman el trabajo de descolgarlo desde la terraza que había sobre el porche en que estaba hablando Jesús. Y Jesús ve descender al enfermo y le dice: Hijo, tus pecados son perdonados. De hecho es el fondo principal de la acción de Jesús: perdonar el pecado, liberar el alma, tan paralizada como el propio cuerpo del enfermo. Máxime en una mentalidad como aquella en la que se consideraba la enfermedad como un castigo del pecado. Jesús se fue a la raíz: a perdonar el pecado, a atacar a la causa, con lo que se seguirían los efectos y el cuerpo paralizado adquiriría su elasticidad.
          Los fariseos se escandalizan. Como no ven en Jesús más que a un hombre, y no precisamente al hombre al que se acepta, acaban pensando que es una blasfemia que un hombre diga que “perdona los pecados”. Y visto así, llevaban razón. ¿Qué hombre puede perdonar pecados sino solo Dios? Y Jesús les sale al paso y les demuestra que dice aquello porque puede decirlo. No se puede demostrar que él pueda perdonar pecados…, pero él puede demostrar que tiene el poder de Dios. Y lo hace dirigiéndose al paralítico y diciéndole: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa. Y él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios.

          En efecto, la presencia de Jesús en la vida de las personas, las transforma. Y ese quiere ser el efecto de este período de esperanza que marca el Adviento. Quiere ser un momento en el que el que no ve, vea; el que no oye, oiga; el paralítico se ponga en pie… Y como eso no va a ser en lo físico, el fiel cristiano está llamado a vivirlo y hacerlo eficaz en lo interior y en la forma de actuar. Un mundo nuevo que podemos soñar, apoyados en la verdad de Dios. Ojalá el mundo abra un portillo por el que deje entrar esa Gracia de Dios. Dios es respetuoso y no fuerza. Pero entra donde se le deja entrar.

MARTES

Liturgia:
                        Me voy a permitir hoy copiar una lectura que tuvimos ayer en el Oficio divino, por considerarlo muy apto para la comprensión de por qué hoy no habla Dios como habló a los profetas                      
Del Tratado de san Juan de la Cruz, presbítero, Subida
del monte Carmelo
La principal causa por que en la ley de Escritura eran
lícitas las preguntas que se hacían a Dios y convenía
que los profetas y sacerdotes quisiesen revelaciones y
visiones de Dios era porque aún entonces no estaba bien
fundamentada la fe ni establecida la ley evangélica, y así
era menester que preguntasen a Dios y que él hablase,
ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones,
ahora en figuras y semejanzas, ahora entre otras muchas
maneras de significaciones. Porque todo lo que respondía,
y hablaba, y revelaba eran misterios de nuestra fe y
cosas tocantes a ella o enderezadas a ella.
Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta
la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué
preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya
ni responda como entonces, porque en darnos, como nos
dio, a su Hijo, que es una Palabra suya —que no tiene
otra—, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola
Palabra, y no tiene más que hablar.
Y éste es el sentido de aquella autoridad con que
comienza san Pablo a querer inducir a los hebreos a que
se aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios
de la ley de Moisés y pongan los ojos en Cristo sola-
mente, diciendo: Lo que antiguamente habló Dios en los
profetas a nuestros padres de muchos modos y de muchas maneras, ahora, a la postre, en estos días nos lo ha
hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a
entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no
tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en
partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo,
dándonos al Todo, que es su Hijo.
NOTA: En tiempos de San Juan de la Cruz se atribuía a San Pablo la carta a los Hebreos, que de hecho no lo es.
Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios o
querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad,
sino haría agravio a Dios no poniendo los ojos
totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad.
Porque le podría responder Dios de esta manera: «Si
te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que
es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo
en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y
hallarás en él aún más de lo que pides y deseas.
Porque desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él
en el monte Tabor, diciendo: Éste es mi amado
Hijo en que me he complacido; a él oíd, ya alcé yo la
mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas
y se la di a él. Que si antes hablaba, era prometiendo a
Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas
a la petición y esperanza de Cristo, en que habían
de hallar todo bien como ahora lo da a entender toda la
doctrina de los evangelistas y apóstoles.»

            La lectura 1ª de hoy repite la del domingo. Preparad los caminos al Señor. Acababa con la comparación: Como un pastor apacienta el rebaño, su mano lo reúne. Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres. [Ésta última expresión está cambiada en la traducción litúrgica actual].
            Esa expresión ha atraído el texto evangélico de hoy (Mt.18,12-14), y nos ha brindado la imagen que Jesús da del pastor, que si se le pierde una oveja de entre cien, deja a buen recaudo las 99 y va en busca de la perdida.
Imagen del Corazón del Padre Dios, que no quiere que se pierda ni uno de los pequeños…, en definitiva, los hombres.

Y si la Iglesia nos pone estos tiempos litúrgicos fuertes que estamos viviendo, es porque se siente mensajera de ese Dios Salvador que quiere recuperar a ovejas perdidas del rebaño. Nos toca a nosotros disponernos a ser “encontrados” por Dios y por la Iglesia, como “pequeños” que necesitamos mucho de ese Corazón misericordioso y paciente que nos quiere atraer al buen camino. Y nos clama: Preparad el camino a la llegada del Señor. 

MIÉRCOLES

Venid a mí

Liturgia:
                      Interesa la segunda parte del texto de Is.40,25-31, ese texto que ya corresponde al asentamiento del Pueblo de Dios en Jerusalén. El profeta “traduce” la llamada de Dios, que se presenta poderoso y eterno, creador de los últimos confines de la tierra. Un Dios que no se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Por lo mismo no se deja vencer por las debilidades y fallos humanos, sino que apoya lo bueno que puede haber en las personas: Él da fuerzas al cansado, acrecienta el vigor del inválido. Se cansan los muchachos y se fatigan…, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, les nacen alas como de águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.
          Es un alegato que necesitaría meditar el mundo de hoy, que se muestra con frecuencia cansado, deprimido, desesperanzado, arrastrando la vida, buscando la felicidad en las cloacas del dinero, del sexo, de la diversión vacía… Esas manadas de gentes que pasan ebrios de madrugada de un jueves o un viernes, sin más sentido que haberse enfangado durante una noche, y ahora acostarse para esperar repetir el mismo vacío el final de semana siguiente. No les nacen precisamente alas…; arrastran cansinas sus vidas, “tropiezan y vacilan”. Es un estamento que ha perdido su sentido religioso y humano: no esperan en el Señor, no renuevan sus fuerzas.

          Humanamente es una amplia generación perdida. Perdida porque ellos y ellas se han envuelto en una capa impermeable a lo que es un valor, una trascendencia, un mirar al futuro… Y sin embargo, desde la voz de Jesús no se ha perdido nadie: Mt.11,28-30 está poniendo delante una tabla de salvación: el propio Corazón de Jesucristo: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. En medio de la borrasca, de esa vida sin brújula en medio del mal (digo bien: “mal”), surge la llamada de la estrella que luce en el horizonte…, surge la voz de Jesús que sigue invitando a acudir a él, para que los que están cansados de la vida y agobiados por su propio fracaso humano, acudan a refugiarse en él. Y él los aliviará. Los hará salir de sus propios aburrimientos y sinsentidos para situarlos en otra dimensión.
          Cierto que esa “generación” no ha gustado lo dulce que es el Señor, y no siente la atracción que ejerce sobre las almas. A veces Jesús tiene que usar su “mano izquierda” para atraerlos de maneras inconcebibles para ellos, que sólo han montado su pensamiento sobre hojarascas de placer y falsa felicidad, y de pronto se han de topar con la dureza de la realidad. Algunos optan por quitarse la vida. Otros sienten la brisa amorosa de quien dijo: Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis vuestro descanso.
          Y es así como algunos recobran sus sentimientos primordiales de aquellos años en que sentían la caricia de Dios que les llegaba desde la fe. Y descubren que ahí es donde pueden recuperar aquellos sueños de paz de su adolescencia primera. Y la “mano izquierda” de Dios se hace suave, de terciopelo, que acaricia la cabeza de su criatura, hijo pródigo que regresa macilento y desarrapado a la casa del padre. Y se oye la voz de Jesús, que dice: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Y se ha desembocado en ese bello sentido del Adviento que recupera la esperanza y hace sentir ese oxígeno de la vida que se tiene recostándose sobre el pecho de Jesús.

A modo de villancico

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en la entraña feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.
El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido,
y la sombra del que todo lo puede,
en la Virgen su luz ha encendido.
Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría,
el Señor que en los cielos habita
se hizo carne en la Virgen María.


JUEVES

El "plus" del Reino

Liturgia:
                      Con expresiones de ternura maternal, Dios se dirige a su pueblo: gusanito de Jacob, oruga de Israel: tu Redentor es el Santo de Israel. (Is.41,13-20). Son esos requiebros casi “absurdos” a la inteligencia, pero de los que entiende el corazón. Son esas palabras “tontas” con las que una madre se deshace en cariños con el hijito suyo. Y Dios las ha tomado para expresar su amor por su Pueblo, al que quiere llevar al triunfo: te hago trillo dentado que hará paja de los enemigos.
          La cuestión que puede levantarse es el desastre que sufrirán los enemigos. ¿Para ellos no hay amor de Dios? –Siempre que hablamos de “enemigos” tenemos de una parte la mentalidad judía (la que sigue teniendo el Israel actual), que es vengativa, cruel. No es ese el concepto que subyace en los relatos bíblicos en la palabra de Dios.
          El “enemigo” que entiende la palabra de Dios, y por tanto Dios mismo, es el MAL, el pecado, la injusticia. A ese “enemigo” es al que hay que destruir y convertirlo en paja trillada, picada.
          En la parte buena están los pobres e indigentes sedientos, a los que Dios les hará alumbrar manantiales, estanques en el páramo, y fuentes de agua en el yermo, hasta hacer brotar mirtos y acacias y olivos en el desierto. Dios no va a dejar que sus pobres pasen sed. Han de ver, conocer y reflexionar que la mano del Señor ha hecho ese prodigio salvador, el Santo de Israel lo ha creado.
          Una vez más el anuncio del Dios salvador ha de retumbar en los oídos y los corazones de aquel pueblo, frente a la maldad y el pecado que les oprime desde fuera y desde dentro. Todavía es más fácil defenderse del enemigo exterior. Pero el enemigo que se lleva dentro es mucho más peligroso. Ahí quiere acudir el corazón maternal de Dios para salvar a ese pueblo de dura cerviz, pero del que Dios no desespera, y quiere hacerlo reflexionar y conocer la mano del Señor.

          Reconozco que no veo hoy la conexión del evangelio (Mt.11,11-15) con el tema de la 1ª lectura. Me tengo que ir por otro camino, en cuanto que, a medida que vamos avanzando en el adviento, tiene que salir la figura de Juan Bautista, el que anuncia la venida de Jesús, al que ya señala con el dedo como muy próximo. ¿Y quién es ese Juan Bautista? ¿Cómo es?
          Jesús lo define en el texto que tenemos delante como el mayor de los nacidos de mujer (el mayor de los hombres). No ha nacido uno más grande que él. Así es hasta ese momento. Jesús aclarará que, sin embargo, el que ya ha nacido en el tiempo de Jesús, anunciador del Reino de Dios, es más grande que Juan Bautista. Juan Bautista está a caballo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y más en el adviento de esperanza. Pero el que pertenece de lleno al Nuevo Testamento y ya ha realizado el paso de la espera a la realidad, es mayor que el Bautista.
          Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos hace fuerza y los esforzados se apoderan de él. Es esa nueva etapa del Nuevo Testamento que se ha inaugurado con la llegada de Jesucristo. Ese Reino que Cristo trae hace fuerza…, se abre paso… No es una carrera triunfal; requiere lucha. Por eso son los esforzados  los que entran en ese reino.
          Muchas veces me he encontrado con gentes que objetan que el evangelio no es fácil. Llevan toda la razón. El Reino no se ha hecho para los comodones, los que pretenden un “evangelio de dulzuras”, para los que viven del mínimo esfuerzo, para los que quieren una vida fácil. Afrontar el Reino está pidiendo ser de la casta de los esforzados…, de los que tienen que ir dejándose un poco la piel en el recorrido del día a día.

          De ahí que no se puede vivir un adviento sin lucha, sin trabajo. Hay que ir a la búsqueda del “más”, de no quedarse a gusto con haber llegado “hasta aquí”. Siempre es posible un punto nuevo, un detalle nuevo, un peldaño nuevo en esta subida hacia la voluntad de Dios. Y Dios quiere que entremos por la puerta estrecha, que tomemos la cruz de cada día, que estemos más dispuestos a servir que a ser servidos, a que amemos menos “lo propio”, para darle lo más a Jesús y al Padre. Así reza el mensaje de Jesús a través del evangelio. Y no son palabras ni exageraciones de Jesús: es camino por el que es posible caminar…, ¡por el que hemos de caminar! para que vivamos la realidad del Reino que ya ha llegado. Buscando mis amores, iré por valles y riberas. Ni cogeré las flores, ni temeré las fieras. Y pasaré los fuertes y fronteras. (San Juan de la Cruz)

VIERNES

Condiciones y quejas

Liturgia:
                      Es curiosa esta lectura 1ª (Is.48,17-19) que está toda ella en condicional: Una parte es como la queja de Dios porque no ha habido respuesta a sus dones, que recuerda cómo y cuántos hubieran sido. Otra parte es una llamada: si se cumple la condicional, llegarán todos esos dones del Señor. Como dice la lectura, el Señor expresa que te enseño para tu bien. No te amenazo queriendo castigarte. Te aviso para poder bendecirte con mis dones: te guío por el camino que sigues, por el camino por el que estás avanzando en tu encuentro conmigo.
          Y ahora vienen las condicionales:
          -Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar, tu progenie sería como arena, como sus granos los vástagos de tus entrañas;
          -tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.
          Tu paz como un río o tu justicia como olas del mar, indica algo que fluye, que no se acaba, que tiene “vida”…
          Tu progenie como arena: se entiende como la incontable y abundante arena de la playa…; así los vástagos de tus entrañas.
          Nombre no aniquilado ni destruido ante Dios, es estar escritos en el libro de la vida, de la donación de gracias del Señor.
          ¿Se cumplieron las condicionales?
          La verdad es que aquel pueblo desembocó en el rechazo del Mesías. Paz y justicia perdidas. Río y olas que mueren sin haber dado vida. Arena de desierto quemada por el sol. El nombre de Dios, su voluntad, su Palabra vida, no fue acogida y aceptada.
          Tenemos el dilema cuando ya estamos a punto de concluir la primera parte del adviento. ¿Qué tal nuestro “río” que fluye y da vida? ¿Qué tal nuestra ola que siempre viene hacia la playa y le infunde alegría? ¿Qué playa, qué arena incontable da frutos en nosotros apara vitalizar nuestro camino del adviento? Te enseño para tu bien, te guío por tu camino de hoy…

          El evangelio es también una queja de Jesús ante un pueblo que no sabe reaccionar ante nada: Mt.11,16-19.
          Es como aquellos niños en la plaza que se echan en cara no reaccionar ante ningún estímulo. Se parece esta generación a los niños sentados en la plaza que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado”. Es el sentimiento que Jesús experimenta ante aquel pueblo que ni aceptó la exigencia de Juan Bautista, que ni comía ni bebía, diciendo de él que “Tiene un demonio”. Pero es que viene Jesús que come y bebe, y es acusado de borracho y comilón, amigo de publicanos y pecadores.
          ¿Qué quiere ese pueblo? ¿Qué se le puede ofrecer? También aquí estaría esa condicional, que expresaría la perplejidad de Jesús ante aquella realidad que tiene delante. ¡Con lo que él haría en ese pueblo si lo aceptasen!
          No me resisto a hacer la trasposición a la “generación” de hoy, esa generación que ha dejado a Dios y vive al margen de Dios o en contra de Dios. ¿Qué diría Jesús si se sentara en nuestras calles y viera pasar ese aluvión de gentes que viven sin Dios y sin conciencia? Lamentaría Jesús que ese río y esas olas que provienen de la mano de Dios, no eran aceptadas aunque son la vida fecunda que Dios ofrece. Vería a esa generación como arena muerta, sin vástagos, porque el mundo se ha metido en su placer, en su comodidad, en su liviandad…, y ha roto la cadena de le vida, la que tenía que multiplicarse como las arenas del mar.
          Precisamente estos días la previsión demográfica nos “obsequia” con una predicción escalofriante: para el año 50, España tendrá 76 jubilados por cada mano de obra. Y por tanto sin posibilidad de mantener las cotizaciones para las pensiones de la gente mayor. España está a la cola de la demografía porque las familias no tienen hijos. Y ese es un problema con varias raíces, y una de ellas es la vida de la sociedad de espaldas a los proyectos de Dios.
          Por eso la queja de hoy en estas dos lecturas nos llega muy directa. Las condicionales –que eran los planes de Dios y la vida nueva que traía Jesucristo- no se han cumplido. Y toda la bola rueda en contra. Y lo terrible es que la bola rueda y cada cual echa la culpa a otros y reivindica derechos sin afrontar obligaciones. El resultado ya se vislumbra. El adviento lo denuncia, Las conciencias han de despertarse y tomar la parte que a cada uno le toca.

          Pero los hechos dan razón a la Sabiduría de Dios, concluye Jesús este evangelio.


SÁBADO

Elías. Bautista. Jesús

Liturgia:
                      Una 1ª lectura que no tiene nada que ver con lo que hemos ido teniendo hasta ahora en el transcurso del adviento. Se cierra la primera parte de este periodo litúrgico y lo hace con un texto del Eclesiástico (18,1-4.9-11) que es toda una proyección hacia el Bautista (del que hablará el Evangelio), pero ensalzando al profeta Elías como fuerza misteriosa que va a actuar en el proceso de Dios hacia su pueblo.
          Muy al estilo judío es presentado como profeta que es fuego y cuyas palabras serán como horno encendido, que les quita el pan a los malvados. No puede ser de otra manera el modo de expresar la fuerza un autor judío. Y la manera de ensalzar la potencia del profeta lo tiene que hacer con estas comparaciones. ¿Quién se compara en gloria a Elías? Un torbellino de fuego lo arrebata a la altura (referencia al momento en que va con Eliseo y es arrebatado por un carro de fuego). está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres e hijos, para restablecer las tribus de Israel. Para llegar a ese final consolador, ha utilizado el autor toda esa serie de expresiones y comparaciones fuertes. Pero está representando el poder salvador de Dios, del que Elías fue mensajero.

          Mt.17,10-13 recoge la idea de Elías en boca de Jesús, como ese mensajero de salvación. Los letrados decían que antes que el Mesías tenía que volver Elías que –arrebatado en vida- no habría muerto. Y Jesús aprovecha el detalle para decirle a sus discípulos que “Elías ya ha vuelto” y lo trataron mal. Con lo que los discípulos entienden que se refiere al Bautista, ese nuevo profeta, también de expresiones fuertes, que va delante del Mesías preparándole el camino.
          Pero es que lo mal que los judíos trataron al “nuevo Elías”, está presagiando el final que va a tener ese Mesías, Hijo del hombre, que va a padecer a manos de ellos.

UN CUENTECILLO QUE REFLEJA LO REAL  CARTA DE JESÚS EN NAVIDAD
Como sabrás, nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños. Todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que en este año sucederá lo mismo. En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la televisión. En todas partes no se habla de otra cosa, sino de lo poco que falta para que llegue ese día.
La verdad, es agradable saber que al menos un día del año algunas personas piensan un poco en mí. Como tú sabes, hace muchos años empezaron a festejar mi cumpleaños. Al principio no parecían comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día muy pocos son conscientes de para qué lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no sabe de qué se trata.
Recuerdo el año pasado, al llegar el día de mi cumpleaños hicieron una gran fiesta en mi honor. Había cosas muy deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y recuerdo también que había muchos regalos; pero, ¿sabes una cosa?, ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme. Ni siquiera se molestaron en bendecir la mesa. La fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta..., y yo quería compartir ese momento con ellos.
La verdad, no me sorprendí. Porque en los últimos años todos me cierran la puerta. Y, como no me invitaron, se me ocurrió entrar sin hacer ruido. Entré y me quedé en el rincón. Estaban todos bebiendo, había algunos ebrios contando chistes, carcajeándose. Lo estaban pasando en grande. Para colmo, llegó un viejo gordo vestido de rojo, de barba blanca y gritando ¡Ho-Ho-Ho-Ho! Parecía que había bebido de más. Se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él diciendo: "¡Santa Claus, Santa Claus!" "Papá Noël, Papá Noël!" ¡Como si la fiesta fuese en su honor!
Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse; yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara y .... ¿sabes? Nadie me abrazó...
De repente todos empezaron a repartirse los regalos, uno a uno los fueron abriendo, hasta que se abrieron todos. Me acerqué para ver si de casualidad había alguno para mí.
¿Qué sentirías si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros y a ti no te regalaran nada? Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retiré.
Cada año que pasa es peor, la gente sólo se acuerda de la cena, de los regalos y de las fiestas, y de mí nadie se acuerda. Quisiera que esta Navidad me permitieras entrar en tu vida, siquiera que reconocieras que hace casi dos mil años que vine a este mundo para dar mi vida por ti en la cruz y de esta forma poder salvarte. Hoy sólo quiero que tú creas esto con todo tu corazón.
Voy a contarte algo, he pensado que como muchos no me invitaron a su fiesta, voy a hacer la mía propia, una fiesta grandiosa como la que jamás nadie se imaginó, una fiesta espectacular. Todavía estoy haciendo los últimos arreglos, por lo que este año estoy enviando varias invitaciones y en este día, hay una invitación para ti. Sólo quiero que me digas si quieres asistir, te reservaré un lugar, y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados. En esta fiesta sólo habrá invitados con previa reserva, y se tendrán que quedar afuera aquellos que no contesten mi invitación.
Prepárate porque cuando todo esté listo, daré la gran fiesta. Hasta pronto. Te espero... en Navidad, en la Eucaristía, en el pesebre, en la oración y en el bien que hagas en favor de los demás.
JESÚS DE NAZARETH

Autor: David (Párroco)

Inmaculada Concepción de María

 Escrito por el sacerdote Manuel Cantero y publicado en su blog el 8-12-2019.


LITURGIA    La Inmaculada
                      Celebra hoy la Iglesia la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, una de las fiestas más luminosas, que nos lleva al privilegio excepcional que obtuvo María de no tener el pecado original que marca la vida de la humanidad desde su concepción. María fue preservada de esa mancha por privilegio especial de Dios, y en aplicación adelantada de los méritos de la redención de Jesucristo. De modo que María fue también redimida, para no caer; nosotros somos redimidos después de haber contraído la mancha inicial, por pertenecer a la descendencia de Adán.
          La 1ª lectura (Gn.3,9-15.20) nos narra esa realidad con la riqueza de imágenes propias de la Biblia. Dios dio al hombre y la mujer todo el dominio de la existencia, pero con la condición de respetarla. Y como una prueba simple de que respetaba los planes de Dios, puso Dios el veto sobre el árbol de la vida. De ese árbol no podía comer, porque representaba la paternidad de Dios, y desgajar su fruto equivalía a desgajarse de Dios. Una prueba muy simple, pero válida para mostrar la obediencia a Dios, que había dado toda la Creación para disfrute del género humano.
          Adán y Eva se saltan el plan de Dios, echan mano del fruto de ese árbol, y en ese momento pierden la amistad con Dios. Dios pregunta qué han hecho y Adán le echa la culpa a Eva, Eva se la echa a la serpiente, como elemento de tentación que les ha engañado, prometiéndoles que con la comida de aquel árbol serían como dioses. Pecado, pues, de soberbia, de pretender arrebatarle el poder a Dios.
          Y Dios maldice a la serpiente y hace una promesa de renovación del plan salvador: pondrá enemistad completa entre la mujer y la tentación. Esa Mujer será la Madre del redentor que derrotará al demonio. Esa Mujer no tendrá relación alguna con la tentación. Esa Mujer está concretada, al cabo del tiempo, en la persona de María. He ahí por qué esta lectura para definir a María como Mujer inmaculada.

          La Maternidad de María sobre el Hijo de Dios está expresada en el evangelio de hoy (Lc.1,26-38), y el secreto está en que María sí es obediente a Dios en todos los detalles, y cuando Dios le presenta su plan de salvación, en el que cuenta con ella, obedece rendidamente y pronuncia su palabra de rendición absoluta a la voluntad de Dios: Hágase en mí según tu palabra. Y en ese instante el Verbo de Dios, el Hijo del Dios Altísimo, entra en el seno de Maria bajo la acción del Espíritu Santo.

sábado, 5 de diciembre de 2020

ADVIENTO SEMANA 1ª (Lunes al sábado) CICLO B

Reflexiones de las lecturas de la Semana 1ª del Tiempo de Adviento-CICLO B, tomadas del año 2017, excepto el viernes, que ha sido tomada del año 2011, ya que en 2017 coincidió con la Inmaculada. 

LUNES

Entramos en la 1ª semana del Adviento. Isaías, al que  bien podemos llamar “el profeta del adviento”, nos abre la liturgia del día con un texto de mucha longitud de mirada, para un pueblo que estaba exiliado y que añoraba su patria y su culto. A ellos les levanta los ánimos el profeta y les hace soñar con lo que ocurrirá “al final de los días”. ¿Final de los días del destierro? ¿Final de los días de un largo período del pueblo? ¿Estará proyectando Isaías hacia el final de los tiempos? Sea como sea, en ese “final” el pueblo va a recuperar su dignidad y va a ser el pueblo que Dios dirige, que Dios defiende, que Dios encamina.

          Por lo pronto será la vuelta a Jerusalén, que se constituirá en centro hacia el que confluirán todas las naciones: los gentiles y pueblos numerosos… Lo que está hablando de algo más allá de la vuelta a la Jerusalén terrena, porque los judíos son muy suyos y no acogerán a todas las naciones. Hablamos, entonces, de algo más amplio, de una Jerusalén, ciudad abierta, o sencillamente de otra Jerusalén, que va a constituir el Mesías cuando aparezca.
          Toca, pues, mirar a la esperanza de liberación con unos horizontes mucho más amplios que la vuelta del pueblo a Judea y Jerusalén. Toca pensar en la nueva Jerusalén hacia la que confluirán todos los pueblos: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas, porque de Jerusalén saldrá la ley, la palabra del Señor.
          La vida se hará así una vida nueva en la que de las espadas se forjarán arados, y de las lanzas podaderas…, de los instrumentos bélicos, instrumentos de producción, de riqueza de ese nuevo pueblo.
          Todas esas novedades son estímulos que el profeta presenta ante el pueblo de Dios para levantarle los ánimos y hacerles ver que Dios se hará presente “al final de los tiempos” y que el pueblo volverá a ser libre y dueño de su destino. Pero en la realidad la promesa va mucho más allá, y “el final de los tiempos” mira, por lo pronto, a los tiempos mesiánicos. Y nosotros podemos todavía llevarlo más lejos y plantearnos el momento del personal encuentro con el Señor, que nos ha de llegar de aquí a no mucho tiempo.

          El evangelio (Mt.8,5-11) es el del centurión con un criado enfermo. Era un hombre bueno que se interesa por sus súbditos. Habría gastado dinero en médicos pero sin resultado, y el criado estaba grave. Ya no le quedaban medios humanos que poner cuando pensó en aquel hombre –Jesús- que pasaba por Palestina curando enfermedades. Y optó por dirigirse a él.
          Mateo nos dice que acudió el centurión en persona, diferenciándose el evangelista de los otros textos paralelos, que nos dicen que envió unos emisarios. En Mateo es el propio centurión quien viene a Jesús y le ruega por su criado. Y Jesús está dispuesto a irse con él a la casa para curar al enfermo.
          Ahí surge la fe de aquel centurión que se confiesa indigno de que Jesús baje a su casa, y le sugiere que diga simplemente una palabra y su criado –está seguro- curará. Y arguye que él tiene criados y soldados a sus órdenes, y él los maneja con la palabra. Manda y ellos ejecutan.
          Admiró a Jesús aquella fe y pronunció su palabra de curación. Y comentó ante los presentes que no había encontrado en las gentes de Israel una fe como aquella.
          La elección de este evangelio en el adviento irá por la decisión de Jesús de ir a curar al enfermo…, de bajar y ponerse ante el criado, de hacer acto de presencia. Piensa el centurión que no es necesario, y que basta la palabra. Sin embargo cuando nosotros rezamos esa oración, no decimos a Jesús que no venga, sino que su palabra nos purifique para hacernos menos indignos y poder recibirlo.

          A lo que yo añado una reflexión sobre el modo de orar nosotros esa palabra que repetimos cuando vamos a comulgar. Una palabra que se presta a la rutina, al rezo de papagayo, y que toca decir cuando toca decirla, pero que no la reposamos como oración en la que hablamos con Jesús como habló aquel centurión con el alma en sus palabras y haciéndose oír.

          Preparamos así un adviento inmediato, que se produce en la comunión, en la que se verifica en nosotros una etapa de ese “final de los tiempos”, esos en los que se hará definitivamente real el encuentro cara a cara con el Señor.

MARTES

Te doy gracias, Dios

Liturgia:
                      Una lectura muy expresiva del adviento (Is.11,1-10), que casi habría que copiarla entera porque revela la novedad absoluta que supondrá la liberación prometida por el Señor. Narrada con imágenes muy bellas, muy orientales, pone de relieve la prosperidad que vendrá a la llegada del Mesías, nacido como renuevo del tronco de Jesé, vástago que florecerá de su raíz.
          Será algo especial y fruto directo de Dios, pues se posará sobre él el espíritu del Señorespíritu de ciencia y discernimiento, de consejo y valor, de piedad y de temor de Dios, remarcando éste último “espíritu”: le llenará el espíritu de temor del Señor. Mal entiende el lenguaje bíblico quien interpretara ese “temor” como un espíritu divino de miedo a Dios, de terror ante Dios, porque la Biblia siempre que expresa el sentimiento de “temor” añade en el renglón siguiente la idea del amor, de la adhesión, del respeto filial, la reverencia. Y ya dice San Pablo, escribiendo a los romanos que no hemos recibido espíritu de miedo para recaer en el temor, sino el espíritu de hijos para llamar a Dios: ‘Padre’.  Y el contexto lo pide, porque Isaías está pretendiendo elevar la esperanza del pueblo exiliado, y no la iba a levantar predicándoles un Dios al que hay que tenerle miedo.
          Consecuencias de ese Espíritu de Dios que va a presidir, no juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas…, defenderá con justicia al desamparado, con equidad dará sentencia al pobre… Será la justicia ceñidor de sus lomos…
          Y para poner todo eso en imagen, añade ese poético párrafo, de belleza extraordinaria para indicar la paz, la buena fe, la novedad de esa etapa que se abre con la venida del Mesías: habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo con el león… Pastarán juntos. Un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid y meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
          ¿No es todo eso contra natura? Pues aún así, ese será el efecto de la llegada del Mesías. Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos…, el Señor tenderá otra vez su mano para recatar al resto del pueblo.
          ¿Verdad que resulta bello y reconfortante el seguir esa lectura? Máxime cuando ahora ya no la leemos desde la angustia de aquel pueblo sino desde la experiencia gozosa de que Jesús ha llegado y es una realidad entre nosotros. La leemos desde otra concepción del adviento –el adviento litúrgico- que ya no es una espera desesperada sino una seguridad de Jesús actuando en la vida de las personas y, en definitiva, de la Iglesia. Ya no se trata de tener que esperar sino de ponerse en acción…, de plantearse en la vida real lo que inspira el tal Espíritu del Señor. Y lo que quizás nos puede tocar para hacer vida ese lobo que habita con el cordero, esa pantera con el cabrito, ese novillo paciendo tranquilamente con el león, ese no ser envenenado por el áspid o la serpiente. Un mundo de paz donde siempre hay una capacidad de interpretación que favorece y no condena.

          Más aún: con el evangelio (Lc.10,21-24), hay por todo una elevación del alma a Dios y convierte la crítica farisaica de aquellos que se habían puesto contra Jesús, en una emoción del Corazón de Cristo que exclama: Te doy gracias, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Preciosa reacción. Y como quien vuelve sobre su propio pensamiento, sigue diciendo: Sí, Padre, porque así te ha parecido mejor.
          Todo eso supone que es el Padre quien da la gracia para conocer al Hijo, los entresijos del Hijo, como que es el Hijo quien revela al Padre, sin cuya inspiración nadie podría conocer al Padre. De ahí que a Jesucristo se le conozca como sacramento del Padre porque lo mismo que los sacramentos son realidades visibles que nos hacen conocer lo invisible y divino, así Jesucristo nos hace conocer al Padre a través de las obras y la vida humana de Jesús, que era tan fácil de conocer. Pues bien: quien me ve a mí, ve al Padre. Y quien va descubriendo a Jesús, va descubriendo a Dios Padre.

          Todo esto nos hace sentir el adviento como una acción de gracias a Dios, porque nos lleva como Padre amoroso hasta sus brazos. Y nos pone ante Jesús para que mirándolo a él, repitamos su vida y la hagamos patente, y nos vaya acercando a la vivencia de un adviento que no pasa de largo. Ahora toca CONCRETAR a realidades de la vida personal para no quedarnos en la poesía de la 1ª lectura ni en una acción de gracias tan genérica que no refleja el pensamiento de Jesús.

MIÉRCOLES

Manjares enjundiosos

Liturgia:
                      Otro texto de Isaías (25,6-10) para mostrar la novedad que va a suponer el día en que el Mesías haga su aparición en la tierra. Porque el Salvador y libertador del RESTO de Israel va a venir. Y su llegada va a suponer un cambio esencial en la vida de aquel Pueblo. De su penuria como  desterrados va a surgir un suculento banquete de manjares enjundiosos y vinos generosos.
          Es más: El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y alejará el oprobio de todo el país. Y todo eso será una realidad porque aquel día se dirá: ‘Aquí está vuestro Dios’, de quien esperábamos que nos salvara. Celebremos y gocemos con su salvación.
          Aparece claramente todo el sentido triunfal del anuncio profético, para que ese RESTO no se desencante con el paso de los años. Es cierto que han de pasar cientos de años hasta que ese anuncio se cumpla. Pero la promesa va también pasando de padres a hijos y de hijos a nietos, por generaciones, que saben que la palabra de Dios no fallará, aunque aún no puedan vislumbrar que ha llegado el momento anunciado.

          Se podría haber respondido a aquellas ansias de salvación con cualquier episodio evangélico. La liturgia ha preferido escoger Mt.15, 29-37 para poner de manifiesto cómo realmente el Pueblo halló ese manjar en la venida y en la acción de Jesús.
          Jesús ha bordeado el Lago y tras él se ha juntado una muchedumbre que ansía encontrarse con él, porque le llevan sus tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros, que echaban a los pies de Jesús. Esa es la necesidad humana. El resumen de una desgracia social que podría representar muy bien a aquel pueblo que esperó durante siglos la llegada del Salvador. Esta muchedumbre de ahora, con todas sus carencias, ha encontrado al Mesías. Y el Mesías responde curando a los enfermos y dándoles la comida generosa que tanto necesitaban cuando estaban a punto de desfallecer por el camino, y por el tiempo que llevaban sin comer.
          Jesús llama a sus discípulos y les hace una confesión de su sentimiento ante aquella multitud que le sigue: la da compasión, me da lástima de la gente, porque llevan tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen por el camino. Ese es el Mesías Salvador. Ese es el Mesías que había sido anunciado, que iba a cambiar las cosas. Ahora lo tienen allí, y su obra responde a lo anunciado por el profeta. Esperábamos que nos salvara…, y la presencia de Jesús les lleva a la liberación. Por lo pronto, de cada una de aquellas enfermedades y carencias que acarrean sobre sus espaldas. Pero más allá de esas enfermedades y de ese pan material, hay otra liberación mucho más fuerte y honda, que mira a lo profundo de la persona, al nuevo estado de cosas que surge de la presencia de Jesús. Verdaderamente el mundo ha cambiado. Y con creces. Del hambre pasan a que sobran cestos de pan, después de haber comido una multitud con sólo 7 panes y unos pocos peces. Jesús les da más de lo necesario y aquella obra de Jesús les muestra que han llegado los tiempos esperados en los que se cumple aquella profecía del festín de manjares suculentos y vinos de solera. Se ha cumplido la promesa y el Mesías esperado esta allí entre ellos.


          La pregunta que se impone es si la posición ventajosa que tenemos nosotros, con Jesús “al alcance de la mano”, nos supone ese festín, que se traduce en algo concreto para ese adviento. Y si dejamos que se verifique en nosotros esa “multiplicación” por la que un panecillo se convierte en ventaja para otros y para uno mismo, en un crecer de nuestras respuestas a las insinuaciones de Dios en nuestra alma. Porque algo puede manifestarse como frutos concretos de este período de tiempo que estamos viviendo y en el que la Iglesia nos quiere llevar de la mano a gozar de la venida del Señor.

JUEVES

Sobre roca

Liturgia:
                      Sigue Isaías (26,1-6) expresando las novedades que se van a producir con la venida del Mesías: Dios defiende a su Pueblo, con murallas y baluartes, haciendo de él una ciudad fuerte. Y el Pueblo que observa la lealtad, entrará por las puertas abiertas. Confiando en el Señor que es su Roca perpetua, su seguridad. En cambio a la ciudad que oprimía, la humilla, la abaja hasta el polvo.
          De hecho Babilonia se acaba para el pueblo de Dios, mientras que ese Pueblo vuelve a su patria y a su templo.

          Pasamos al evangelio, tomado del final del Sermón del Monte (7,21.24-27). Empieza con una advertencia de Jesús. Con él no está alguien por el sólo hecho de que se le llame “Señor”. Jesús se hace presente cuando la persona conoce y vive la voluntad de Dios, el Padre que está en el cielo.
          Ya ese comienzo es suficiente para hacer pensar. Echamos una mirada alrededor y encontramos numerosos creyentes que viven  muchas formas exteriores de religiosidad pero están lejos de acoger de verdad los 10 mandamientos. Y no digamos si ya entramos en temas evangélicos en los que correspondería sobrepasar los Mandamientos y entrar en terrenos del Sermón del Monte o de las muchas enseñanzas de Jesús, que conducen a irse acercando a lo que Dios quiere. No es inútil esa reflexión porque la llamada del adviento no se queda en aspectos superficiales, y ni siquiera en mirar a la  venida de Belén.
          Ahora se trata –en palabras de Jesús- de construir la vida sobre roca firme, sobre actitudes fuertes. Pone Jesús la comparación de la casa construida sobre roca, que no puede ser derruida por las avalanchas de los ríos ni por los embates de los vientos. Construida sobre roca, tiene sus cimientos tan hondos como la roca misma.
          Ya puede ocurrir alrededor lo que ocurra, ya pueden fallarnos los hombres, ya puede haber un cataclismo en la Iglesia…, no se hunde la fe del creyente ni se cambian los pensamientos, ni se alteran los criterios. Como decía San Claudio de la Colombiére: “he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento; en cuanto a mí, estoy seguro” porque me he afincado en la persona de Jesús, y mi adviento nunca se puso en bombillas de colores ni en árboles de navidad, ni en esperanzas que se derrumban como belenes de cartón.
          La esperanza que se viene abajo es la que se construyó sobre arena, como la casa que se construye sobre suelo lábil, porque en cuanto soplan los vientos o los ríos se desbordan, la casa se abate. Y esto no es imaginación ni mera parábola. Lo mismo que las catástrofes naturales parecen cebarse en los más pobres, (y la realidad es que los pobres no pudieron construir sobre roca), así ocurre en el ánimo de aquellos que son impresionables por cualquier contrariedad. Acaban desesperando y reaccionan fuera de lógica, que con frecuencia atañe a su fe y a su misma relación con Dios.
          Así encontramos hoy día a tantos escandalizados de la Iglesia o de los que somos iglesia, porque no dimos la talla que ellos esperaban. Y en vez de situar el problema en lo personal de “alguien” en concreto (que puede haber fallado), rompieron por la calle de en medio y proyectaron contra la iglesia todas sus quejas. Y su ruptura. Y su pelea. Habían puesto su fe donde no está el objeto de la fe. O bien podría decirse que lo que en ellos se albergaba no era propiamente la fe teologal sino una emotividad religiosa que se viene abajo en cuanto le tocan a la emoción religiosa de esa persona. ¿O no será que le toca a su idea particular de lo que apoyaba su YO más cómodo? Cuando Jesús habla de la “casa sobre arena”, está abarcando todo ese conjunto de posibilidades de una fe que carece de sustentáculo real.
          La liturgia nos ha situado hoy este evangelio en este día de adviento como un complemento o reafirmación de la “ciudad fuerte” de la 1ª lectura, para que nuestro enfoque de vida en estos momentos sea muy arraigado en eso de buscar hacer la voluntad de Dios. De ahí ese comienzo del texto evangélico que nos advierte de la superficialidad de quien invoca a Dios y dice: “Señor, Señor”, pero no vive de acuerdo a la voluntad de Dios.

            Que nuestro adviento vaya sobre roca. Y eso se traduce en realidades que tienen que plasmarse en cosas concretas que nos puedan hacer dar un paso en nuestra preparación a recibir la visita del Señor.


VIERNES

Del año 2011.
¿CREEIS O NO CREÉIS
Viernes 1º de adviento
Las lecturas son las propias de este tiempo: un pueblo oprimido, desterrado, que empieza a “perder la vista” de su fe. Isaías,, profeta que comunica en nombre de Dios que VERÁN. Hasta el desierto echará flores. Hasta los sordos oirán. Se acabó el opresor. [y aún quedaban siglos…; pero la fe no tiene reloj]. Y cuando aquellos ciego se llegan hasta la casa donde está Jesús y le piden la vista, Jesús les hace una pregunta: ¿Vosotros creéis que Yo puedo hacerlo? CREÍAN QUE SÍ,. Y volvieron a ve,r y a irse por aquellos lugares gritando su alegría.
He pensado si hoy buscarán a Jesús para VER… Si hoy CREERÁN que puede hacerlo. Y respondiéndome que sí, imagino a ese mundo ciego que se vuelve loco al VER, al VOLVER A VER. Porque en la oscuridad que tanto ciega con gafas oscuras, saltarán de gozo y no podrán ya callarse quienes VEN DE NUEVO, Y CREEN DE VERDAD QUE ES POSIBLE VER OTRO MUNDO DIFERENTE.


SÁBADO

El Reino está cerca

Liturgia:
                      Is.30,18-2123-26 sigue en la línea habitual de estas lecturas de adviento, con una carga notable de promesas esperanzadoras, que van adelante independientemente de la respuesta del pueblo. El pueblo no tendrá que llorar porque se apiadará Dios a la voz del gemido de ese pueblo, apenas se oiga.
          Puede ser que Dios dé el pan medido y el agua tasada y que el pueblo no nade en la abundancia y hasta que carezca  de algo. No obstante ya no se esconderá vuestro Maestro…, tus ojos verán a tu Maestro.
          Es posible que el pueblo se desvíe a derecha o a izquierda; entonces escuchará una voz que le llama al verdadero camino para que camine por él.
          El Señor dará la lluvia para la semilla y dará el grano para la cosecha, y será substancioso; los ganados pastarán en amplias praderas. Y así va poniendo delante el nuevo mundo que vendrá con la llegada del Mesías, que va a hacer una realidad feliz. Va a ser como la luz, que la de la tarde va a lucir como la de la mañana y la de la mañana lucirá siete veces más. Todo esto va a suceder cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe.

          El Salmo responderá a todo este precioso panorama con la exclamación: Dichosos los que esperan en el Señor, nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

          Pasamos al evangelio (Mt.9,35 a 10,1.6-8). Es la conmiseración de Jesús ante el pueblo que le sigue, al que le anuncia la buena noticia de la salvación, y –pasando a la obra- cura todas las enfermedades y todas las dolencias, porque estaban las gentes extenuadas y abandonadas, ‘como ovejas que no tienen pastor’. Es esa una figura que se le clava a Jesús en el alma. ¿Por qué las gentes le siguen y –en ocasiones- se olvidan hasta de comer? Precisamente porque han buscado su refugio en los mentores del pueblo y no han encontrado acogida. Se vienen a Jesús y Jesús les acoge, les habla con el alma, les cura sus enfermedades… Son gentes que “no tienen pastor” y se acogen a Jesús que es el Pastor bueno que está siempre abierto a las gentes.
          Jesús entonces se vuelve a sus apóstoles y les incita a orar a Dios para que Dios envíe trabajadores a su mies. Él hace su parte, pero Israel necesita de buenos pastores que se ocupen del bien del pueblo, y que se acerquen a él con el corazón abierto y el desinterés completo. Buscando ese beneficio de las gentes y no los propios provechos.
          Y como en una aplicación concreta de la oración que él mismo ha suscitado, multiplica por doce su acción, enviando a los suyos a predicar por las ciudades y aldeas a las ovejas descarriadas de Israel, anunciando la buena nueva: El Reino de los cielos está cerca. Y como un anticipo de ese reino en que Dios sea el rey, curad a los enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Es así la mano de Dios, “el dedo de Dios” el que aparece por encima de las desgracias y dolencias y carencias que padece aquel pueblo. Queda así concretado en realidades patentes los anuncios proféticos de la 1ª lectura. La llegada del Mesías realiza ese mundo de misericordia que el pueblo está necesitando, y que –en definitiva- le acerca a Dios porque puede entender –por los hechos- que Dios está detrás de aquellos tiempos que viven tan dolorosamente, pero que van a quedar luminosamente salvados por la venida de Jesucristo.
         

          El meollo de todo eso hay que succionarlo en este momento presente nuestro, y por tanto en el sentido de este período litúrgico que estamos viviendo y que debe tener su traducción concreta en alguna respuesta personal. Soy consciente de que al cabo de muchas llamadas en este sentido, somos capaces de ponernos el impermeable y que todos estos toques resbalen en nosotros y sigamos en lo que tenemos y no nos actuemos en alguna concreción aplicada a nuestro caso particular. El peligro es que demos por hecho todo lo que podemos dar y que ya no haya un planteamiento sobre algún detalle que muy bien podríamos aplicar a nuestro caso. El adviento litúrgico es más que la casulla morada y el moderno e importado encender de la vela de adviento. Esa luz que luce ahora y que va emprendiendo otras conforme avanzan las semanas, es un buen símbolo para decirnos que cada semana pide una nueva luz en nuestro proceder personal, y que debe acabar con la LUZ DE BELÉN, el encuentro con Jesús en nueva plenitud.

SAN FRANCISCO JAVIER

Recojo los textos que he encontrado de los últimos años, escritos en el blog por el sacerdote Manuel Cantero, que falleció en 2020 a causa de complicaciones relacionadas a la covid-19


AÑO 2018

 San Francisco Javier tiene para los jesuitas una importancia muy grande, porque representa como un icono en la formación de la Compañía de Jesús. De ahí que hoy se celebre este día como fiesta litúrgica en las iglesias de los jesuitas, con lecturas propias.

            Francisco Javier representa el modelo de misioneros, por el inmenso celo de las almas que siempre mostró, y que le llevó a recorrer naciones, siempre en el deseo de alcanzar almas para Cristo, y que así fueran salvadas. Se dice que había momentos en que le dolían los brazos de tanto bautizar a los paganos de la India y Japón. Y murió a las puertas de China, porque allí pensaba que podía estar la clave de la conversión del continente.
            De ahí la 1ª lectura: 1Cor.11,32-12, 2. Que expresa –en palabras de Pablo- su celo ardiente por la conversión de las almas: Hermanos: El hecho de predicar no es para mi motivo de orgullo. No tengo más remedio y ¡ay de mi si no anuncio el Evangelio!
            Con palabras de Pablo aplicadas a Francisco Javier, Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo seria mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Se siente misionero en la médula de su vida, y por eso  su “paga” es dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

            En el evangelio de Marcos. 16, 15-20 tenemos el mandato de Jesucristo para ir a anunciar el evangelio: ≪Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación≫.  Ese fue el acicate que impulsó a Francisco Javier a lanzarse a esos amplios mundos por los que él fue llevando la buena noticia. Y como Jesús dijo: El que crea y sea bautizado se salvara; el que no crea será condenado, Francisco Javier tuvo verdadera obsesión por bautizar a aquellas gentes que fue encontrando.
            A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedaran sanos. Ya se sabe que hablaba Jesús en símbolos, porque no era la parte física la que le preocupaba más. Eran esos demonios del pecado y de los vicios…, o ese nuevo lenguaje que se deriva de haber acogido el evangelio lo que realmente le llenaba su interés.
            Los enfermos del alma, la carencia de la fe, eran las enfermedades que buscó socorrer, en sus largas jornadas de apostolado, en las que algunas veces iba tan agotado de fuerzas que él dice que tenía que agarrarse a la cola de los caballos para poder desplazarse de un lugar a otro en el Japón de sus sueños.
            Y pudo tener la satisfacción de ver que el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban. Y eso que no llegó a llenar su sueño de entrar en la China, adonde no sabía si le esperaban los mandatarios o las cárceles, si se atrevía a entrar en aquel misterioso imperio.
            La muerte le llegó en la isla de Sanchón, a la vista de China, pero sin entrar en ella. Es un verdadero ejemplo de celo apostólico, que le ardía en su pecho, por la gloria de Dios.
            San Francisco Javier es el patrono del Apostolado de la Oración.

AÑO 2016

Hoy es el día de SAN FRANCISCO JAVIER, el Patrono del APOSTOLADO DE LA ORACIÓN. Y el evangelio del día viene como anillo al dedo, por cuanto que él fue uno de esos “trabajadores” –incansables- que acudieron a la llamada de Jesús. Su ir de un sitio a otro, siempre con la idea de mejor y mayor extensión del reino de Dios…, de buscarle a las “ovejas” los mejores pastos y el mejor Pastor, le constituyen Patrono de misioneros y Patrono de esa “retaguardia de oración” que se fundó un día de su Santo bajo el nombre de APOSTOLADO DE LA ORACIÓN.

AÑO 2014

HOY ES DÍA DE SAN FRANCISCO JAVIER ,
PATRÓN DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN
Sin que vayamos a establecer un ranking de importancia entre los santos, San Francisco Javier sí puede decirse que es uno de los santos jesuitas que es más conocido. Su vida misionera que abarcó los más extremos lugares de Asia, desde Goa –algo así como su cuartel general- hasta Japón y China, a cuyas puertas murió en el anhelo  de  llegar al corazón de la cultura predominante  en aquel continente, para poder –desde allí realizar una evangelización más amplia. Su gran corazón le permitía soñar con ese paso, aunque no sabía si acabaría en la corte de Pekín o en la cárcel. En la Isla de Sanchón, frente a las costas de la gran metrópoli, esperando –sin resultado- al mercader que lo introdujera en la capital, murió a los 46 años.
El APOSTOLADO DE LA ORACIÓN, por su doble entidad de ORACIÓN y APOSTOLADO, de ORACIÓN Y SERVICIO, y por sus mismas raíces originarias de anhelos misioneros de jóvenes estudiantes, lo asumió como PATRONO Y MODELO.
Personalmente había sido un estudiante un tanto fanfarrón que aspiraba a honores humanos desde una cátedra de profesor en la prestigiosa Universidad de la Sorbona, de París… Pero allí se encontró compartiendo habitación con un estudiante entrado en años, Ignacio de Loyola, que le martilleó frecuentemente con esa palabra evangélica: “Javier, Javier, ¿de que te vale ganar el mundo si arruinas tu vida?  De ahí a hacer los Ejercicios Espirituales bajo la mano de Ignacio, fue todo uno. Y cambiarse el rumbo de sus deseos, también. Formó parte del grupo con Pedro Fabro, ya sacerdote, y otros más, y peregrinaron a Roma donde acabó constituyéndose, bajo la guía del Papa lo que era el grupo inicial de la Compañía de Jesús.
Por hechos providenciales acabó siendo enviado a la India, aunque su destino era Portugal. Pero Dios escribe siempre derecho y FRANCISCO JAVIER fue enviado a las misiones. Y sus diez año de misionero fueron ejemplares, habiendo días que le dolía el brazo de tanto bautizar, y otros en que para poder caminar, tenía que cogerse a la cola de los caballos japoneses porque su cuerpo ya no daba para más tras los días intensos catequizadores.
Las cristiandades actuales de esos lugares mantienen la impronta que les dejó Francisco Javier.


AÑO 2013

SAN FRANCISCO JAVIER
          Estudiante en la Universidad de París vino a compartir habitación y  bolsa con Ignacio de Loyola, quien le repitió mucho: ¿De qué te vale ganar el mundo entero si arruinas tu vida? Se unió a Ignacio y otros para constituir la Compañía de Jesús. Ordenado sacerdote, fue enviado a como misionero a India y Japón. Incansable, indoblegable en su intento de llevar la fe cristiana a todos los que él pudiera.
             El Apostolado de la Oración nació un 3 de diciembre, para dar a un grupo de inquietos estudiantes jesuitas la visión misionera que hay en toda obra cristiana, también en el estudio (cuando es el momento de estudiar).  Vivir un SERVICIO en la Iglesia ya es apostólico. Y se vive orando en todo momento, y orando cuando se trabaja, se estudia, se realiza la propia labor.