lunes, 29 de junio de 2020

LA AMISTAD CON JESÚS (AUDIO)

Incorporo una nuevo tema que el Padre Manuel Cantero, impartió en la Iglesia del Sagrado Corazón de Málaga. La amistad con Jesús. En la columna de la izquierda se puede acceder a las partes anteriores ya publicadas. LA AMISTAD CON JESÚS - CLICK AQUÍ PARA OIR.

viernes, 19 de junio de 2020

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN

NOVENA al Sagrado Corazón
          Día del Sagrado Corazón de Jesús (año 2017. TEXTO DEL PADRE MANUEL CANTERO).
          Sin metáforas, San Pablo escribe a los Romanos (5, 5-11) que “el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones”. Y se ha manifestado en la muerte de Cristo que murió cuando todavía éramos pecadores”. En su Resurrección somos salvados por su vida.  Ese Jesús resucitado se aparecerá a sus apóstoles siempre con su paz y amor: Paz a vosotros, saludo con el que sigue ayudándonos desde el Cielo.
          Sigamos las lecturas de la fiesta de hoy en el Ciclo A.
          La verdad es que la 1ª lectura (Deut 7, 6-11) es más para leerla que para comentarla. Viene del Antiguo Testamento pero ya expresa el AMOR DE DIOS. Dice así: Tú eres un pueblo santo para el Señor tu Dios: él te eligió para que fueras entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos –pues sois el pueblo más pequeño- sino que por puro amor vuestro, por mantener el juramento hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto y os rescató de la esclavitud. Merecía la pena detenerse en el texto porque expresa ese amor de enamoramiento que se expresa en hechos. Amor gratuito de pura elección, y no porque hubiera unos méritos o títulos anteriores. Sólo que su amor primero de la liberación de Egipto, permanece fiel al cabo de los tiempos. Así sabrás –concluye-  que el Señor tu Dios es Dios: el Dios que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos.
          Y si pasamos a la 2ª lectura (1Jn 4, 7-16) tenemos ya todo “traducido” a Jesucristo: En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.
          San Juan saca la conclusión de ese amor inmenso de Dios, manifestado en Cristo, y es que también nosotros debemos amarnos unos a otros. Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
          No expresa la Sagrada Escritura que todo eso sea el Corazón de Jesús, pero el amor se simboliza en el Corazón, y el lenguaje normal hace decir que alguien ama “con todo su corazón”. Y el Corazón de Dios se ha hecho patente en el Corazón de JesucristoY nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
          El Evangelio (Mt 11,25-30) encierra uno de los párrafos más hermosos que pronunció Jesús desde el fondo de su corazón: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. ¡Ahí ha salido directamente el Corazón de Jesús!, MANSO y HUMILDE…, pacífico y acogedor, tierno y amplio. Que no niega que su seguimiento lleva el yugo del dolor, pero que sabe hacerlo suave con el ejemplo de su vida y de su propia muerte por amor. Sobre todo POR AMOR, porque su obra está movida siempre por el amor
          En la fiesta del Sagrado Corazón, hemos de agradecerlo y alabarlo, y formular deseos y propósitos de que este amor se haga realidad en nuestra vida. Que tengamos la experiencia personal de sentirnos objeto particular del amor de Jesús, y que esa experiencia nos arranque amor afectivo hacia él. Como decía del amor de Dios la 1ª lectura: porque se ha enamorado de ti, así sea nuestra respuesta al Corazón de Jesucristo: respuesta de enamorados que nos sentimos envueltos en ese caudal de afecto hacia quien lo merece todo.

          Comenzábamos la novena pidiendo CONOCER A JESÚS para SEGUIRLO. Y ya entonces desembocábamos –con la petición de San Ignacio de Loyola- en que todo eso era PARA AMARLO. Y es que Jesús, una vez conocido, bien conocido, conocido al modo que se nos presenta él mismo, no puede dejar de ser amado, por ser la Persona que en todo es buena, que en todo actúa como tal persona buena y que pasa por la vida haciendo el bien. Eso lleva consigo una necesaria respuesta de amor. Y ahí confluyen los dos amores y ahí se polariza el culto verdadero del Corazón de Jesús. El elemento del amor extendido hacia el prójimo va inmerso en el amor a Jesucristo, porque no podría entenderse ni una letra del evangelio si no estuviera nuestro corazón abierto al otro, al hermano, al “otro cristo” que queda ante nosotros. Y ahondando en su verdadera dimensión, sobre todo cuando ese hermano es el débil, el necesitado, el que tiende su mano hacia nosotros porque espera de nosotros lo que aquellos leprosos, ciegos, cojos, paralíticos…, esperaron de Jesús.

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

DÍA DEL SAGRADO CORAZÓN (TEXTO DEL PADRE MANUEL CANTERO DE 2019)
             Estamos ante una GRAN FIESTA, ante la FIESTA DEL AMOR, ante la misma personificación del AMOR DE DIOS. Estamos ante la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús...

  ...Y la gran obra (Encíclica de Pio XII) Haurietis aquas, -“Carta Magna” del Sagrado Corazón- que puede leerse en el blog, si lo vais bajando y os fijáis en su margen derecho, fue irse a las fuentes y raíces reales de quién es el CORAZÓN DE JESÚS, que está mucho más allá de manifestaciones de particulares, aunque ellos o ellas hayan fomentado e influido en resaltarlo en un determinado momento histórico. Pero la profunda realidad de lo que se suele decir, nombrar –sin gran propiedad- “devoción” al Sagrado Corazón, es nada menos que el AMOR ETERNO Y PERMANENTE DE DIOS, que nunca ha faltado (ni puede faltar), que –llegada la plenitud de los tiempos-, nos ha hablado EN EL HIJO.  Por eso la personificación misma del AMOR DE DIOS se palpa y se comprueba en JESUS.  Él, en su humanidad plena y en realidad divina, nos hace visible, palpable, tangible…, en nuestro mismo suelo, de ese amor de Dios que se trasfunde en toda la Biblia y se vive en el Evangelio.



MI COMENTARIO ESCRITO A LA INTERVENCIÓN DEL PADRE MANUEL CANTERO (D.E.P.)
Sin duda debemos incorporar a nuestra vida, no ya la lectura del Evangelio como unos textos con hechos históricos y bonitos en unos casos y desagradables en otros pero que no nos aportan más que unas emociones temporales que pasan al soltar el libro o en las horas siguientes, sino como una Palabra Viva que es, el mismo Cristo hecho carne que habitó entre nosotros y ahora está con nosotros cada día hasta el fin del mundo, en la Eucaristía.

Ser conscientes de que esa Palabra Viva nos debe nutrir, y para ellos como dicen los especialistas en nutrición, es buena la masticación lenta.


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Tal día como hoy, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, el año pasado (2019), una persona de nombre Juan, me quiso "advertir" que no comentara nada sobre la Palabra de Dios, que sólo un sacerdote podía hacerlo.
El Padre Manuel Cantero, salió en mi defensa pública con su particular método, tratando de evitar que me hirieran. No era la primera vez que alguien me ha tratado de herir, atacar, anular a la hora de actuar de acuerdo a mi carisma. Son innumerables los ataques a lo largo de los últimos años. Podría hacer un libro con ellos, si los pudiera recordar todos y narrar.

👉PALABRAS DEL PADRE CANTERO A ESTE JUAN
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El valor que otorgo a Javier es que 👉participa. Naturalmente cada cual participa con su idiosincrasia personal, sus vivencias, la experiencia de su vida, y las cargas que cada uno lleva consigo. Dentro del respeto que siempre hay que guardar hacia terceros, 👉valen las exposiciones personales.

En cuanto a la posibilidad de comentarios de la Palabra, 👉no está reducido a la exposición de sacerdotes o diáconos. En muchas ocasiones se invita a los particulares a intervenir y enriquecer con su propia experiencia 🤗lo que el Espíritu les inspira. 😇Que para eso están los carismas.
Yo he recordado aquel episodio de Juan, el apóstol, que intentó acallar a otros que profetizaban y echaban demonios y NO ERAN DEL GRUPO. 😁Y Jesús le corrigió porque SI NO ESTÁN CONTRA NOSOTROS, ESTÁN A FAVOR NUESTRO.😉

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Bien, pues dedico estas palabras de mi amigo sacerdote, a todos aquellos que hayan tenido alguna vez la tentación, o tengan la tentación de creer que yo....ya saben...🤫

lunes, 15 de junio de 2020

CORPUS CHRISTI

Fiesta del CUERPO y SANGRE DE JESÚS

EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE JESUCRISTO
     La liturgia de este solemne día nos va avanzando desde el Maná que se dio a los antiguos hasta el verdadero Pan del Cielo que entrega Jesucristo como donación personal de su propia vida.
             Deut 8, 2-3, 14-16 presenta las penurias de un pueblo acuciado por la contrariedad y –por su parte- añorando volverse a Egipto (que lo había tenido esclavizado). La pedagogía de la mano izquierda de Dios es hacerle palpar su pequeñez, su poquedad, su incapacidad, para que después comprenda más de lleno su necesidad de Dios. Y Dios le sale al paso regalándole agua que brota de la roca, volátiles que caen providencialmente sobre el campamento, maná –una escarcha que amasada- viene a suplir al pan. Pero advirtiendo Dios que no solo de pan se vive sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. Aquellas ayudas materiales han de hacerles pensar en necesidades mucho más internas, que deben suponer una actitud rendida de acogida y respuesta a Dios. De la boca de Dios sale UNA PALABRA que enseña, que llama, que amorosamente exige…, y no para provecho de Dios sino para que se forme la verdadera personalidad de cada persona y de un pueblo que camina hacia una Tierra nueva de salvación.

             1Co 10, 16-17 concreta el nuevo Maná, la nueva Palabra que sale de la boca de Dios es el Cuerpo de Cristo.., es su Sangre…, que no están para darse y derramarse de balde sino para amasar a los que comen y beben ese alimento y llegan a amasarse en una auténtica UNIDAD, porque todos comemos del mismo Pan.

Un Pan que es mi Cuerpo para la vida del mundo –Jn 6, 51-59-. Un Cuerpo, el de Jesús, que si no lo coméis y no bebéis su Sangre, no tendréis vida eterna. Y si lo coméis y bebéis, resucitaréis en el último día. Ahí está la gran fuerza de la Eucaristía, su sentido radical. Hay que sembrar eucaristía aquí en la tierra para que el tallo crezca y crezca hasta germinar en el Cielo.

Todo eso que, hasta suena hermoso y esperanzador…, una promesa que nos deja a seguro… Pero no sólo de pan vive el hombre, ha dejado dicha la 1ª lectura. Y eso nos está poniendo en la urgencia de responder al tomad y comed –invitación que nos hace Jesucristo- con un toma, Señor y recibe  que suponga la respuesta de correspondencia con la que cada uno de nosotros tiene que participar del CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR. Es verdad que en la ALIANZA de Jesús no hay una “condición” a cumplir por nuestra parte…, porque “alianza de Dios” es donación a fondo perdido. Pero es evidente que, al anillo que Jesús pone en nuestra mano, ha de haber otro anillo que cada uno pongamos en su dedo divino.
A una Eucaristía santa, inmaculada, redentora por parte de Jesús, nos hemos de imponer una vida personal santa…, “al modo de Jesús”, “al gusto de Dios”.  A una Eucaristía inmaculada, ¡cuántas impurezas abiertas o camufladas tenemos que ponerles coto! [Y esto, en el momento actual, no es hablar de memoria]. A una Eucaristía redentora, nos hemos de dejar “redimir”. Algo tiene que dar un vuelco en nuestro mundo personal, para que todo este sublime misterio no se nos quede en una “devota comunión”. [Que nos quejamos de tantas comuniones con tan pocas confesiones…, y habría que poner delante también tantas confesiones que se limitan a ser “mera confesión” pero sin planteamiento concreto y decidido para que la siguiente sea substancialmente mejor].

Y que una concreción que está chirriando contra esa EUCARISTÍA (de la que tantos participamos) es la FALTA DE UNIÓN Y COMUNICACIÓN EN PAZ de quienes estamos comulgando todos los días…, y nuestros juicios y palabras dejan tanta división y tanta falta de lo que es esencial en los que deseamos ser partícipes de esa VIDA ETERNA que ha prometido y regalado Jesucristo. El CORPUS, pues, aún no ha alcanzado su objetivo. Estamos nosotros ahí, y tenemos que hacerlo real.

(Año 2014)

lunes, 8 de junio de 2020

SANTÍSIMA TRINIDAD



En el año 2019, el sacerdote Manuel Cantero, escribía esto:
LITURGIA: Santísima Trinidad
                      Celebrados los grandes misterios de Jesucristo: la navidad, la Pasión y Muerte y la Resurrección, culminados por la realización de la Promesa en Pentecostés, hoy la Liturgia recopila todo el misterio bajo la adoración a la Santísima Trinidad, con la mirada hacia las tres Personas divinas, que son un solo Dios, y que actúan al unísono en los diversos misterios que hemos contemplado.
          No pretenden las lecturas darnos una clase sobre la Santísima Trinidad. Más bien quieren hacernos presente que la obra de cada una de las tres Perdonas es obra al mismo tiempo de las tres.
          Así la 1ª lectura (Prov.8,22-31) nos eleva a la Sabiduría de Dios. Y nos hace una descripción que es como una mirada a la eternidad de Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu viven desde siempre y a ellos se debe esa acción de “jugar con la bola de la tierra y gozar con los hijos de los hombres” cuando llega el momento de la Creación, obra de los tres.
          En la 2ª lectura (Rom.5,1-5) Pablo comienza diciendo: Ya que hemos recibido la reconciliación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Para acabar con una mirada al Espíritu: Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha dado. Y ha quedado expresada la obra de las tres Personas.
          Más explícito aún el Evangelio: Jn.16,12-15. Jesús se despide de sus apóstoles en la última Cena, y les dice que le quedan muchas cosas por decirles, pero ahora no pueden cargar con ellas: cuando venga el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. El Espíritu dirá las palabras de Jesús, y Jesús dice las palabras del Padre: Todo lo que tiene el Padre es mío, y el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará.
          ¿Nos quedamos sólo en el recuerdo del misterio? En realidad Dios no revela inútilmente. La fe en la Trinidad nos enseña la manera de vivir unidos los que somos diversos…, de poder tener un solo corazón los que somos distintos. Poder ser familia aun con la diversidad de pareceres. Poder formar parte de una sociedad donde cada uno piensa a su modo. Mientras se mantenga la línea de la Verdad, es posible entenderse y tenemos que intentarlo.
          Cuando recibimos hoy la Eucaristía, recibimos a Jesús. Pero Jesús no vive solo. Es la segunda Persona de la Trinidad. De ahí que somos Templos de la Santísima Trinidad, de la que misteriosamente participamos al comulgar.
          De hecho la celebración se desarrolla en un constante recuerdo de la Trinidad: Hemos comenzado En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. En el canto del Gloria hemos alabado al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. En el Credo haremos acto de fe en las tres Personas. Acabaremos la plegaria Eucarística Por Cristo, con él y en él, al Padre la gloria en unión del Espíritu Santo. Y saldremos bendecidos con la bendición del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. La fe cristiana no puede prescindir de este gran misterio de amor.

En el año 2018, el sacerdote Manuel Cantero, escribía esto:
Liturgia: La SANTÍSIMA TRINIDAD
                      El final del tiempo pascual ha llegado con Pentecostés, pero queda una recopilación de todos los misterios en el misterio por excelencia, que es el de la Santísima Trinidad, el misterio de UN SOLO DIOS que se expresa EN TRES PERSONAS distintas pero que son un solo y único Dios.
          Comparaciones se han hecho muchas para intentar acercarse al misterio. En realidad es un misterio de fe y la mejor explicación que cabe es CREER sin más explicaciones ni comparaciones. Dios es Padre en cuanto que en su eternidad engendra al Verbo, el Hijo. Dios es Hijo porque ese Verbo es igual al Padre, porque ese Verbo o Palabra o Pensamiento eterno (=Logos) de Dios es una realidad viva que es Persona en el seno de Dios. Ese Verbo se encarna en el tiempo, “en la plenitud de los tiempos” y toma la realidad humana y el nombre de Jesús, Salvador. El Padre y el Hijo se aman con amor eterno y ese AMOR personificado es el Espíritu Santo, igual al Padre y al Hijo. Tres personas y un solo Dios. Una infinitud que se manifiesta de tres maneras, y ninguna es mayor ni anterior a la otra. Como he dicho: no hay razonamientos que expliquen. Sólo la fe, que asiente convencidamente de que Dios es uno y trino.

          La liturgia en el ciclo B, en el que estamos, nos trae un texto del Deuteronomio (4,12-14.39-40) en el que hay toda una admiración ante Dios…, Dios que es excelso y a la vez se ha acercado a la tierra, a los hombres. No hay otro dios que lo haya hecho así. Dios se ha acercado a los hombres y les ha hablado y se les ha revelado, y se ha hecho un pueblo en medio del cual habita, con signos y prodigios, con mano fuerte y brazo poderoso. Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que el Señor es único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra. En consecuencia, guarda sus preceptos y mandatos que te prescribe hoy para que seas feliz tú y tus hijos y tus descendientes y prolongues tus días en la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre
          La 2ª lectura es de Rom.8,14-17 y en ella se hace una directa referencia al Espíritu Santo, quien habita en nosotros y desde dentro de nosotros nos hace clamar: ABBA (=Padre), de manera que el Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo. Aparece, pues la conjunción de las tres divinas Personas en una misma acción en nosotros: que podamos llamar “Padre” a Dios y seamos coherederos con Cristo por la acción del Espíritu Santo.
          El evangelio (Mt.28,16-20) es el final de ese evangelio de Mateo, con el encargo de despedida de Jesucristo, quien envía a sus discípulos a bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñando a guardar todo lo que os he enseñado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Quiere decir que el misterio de la Trinidad de Dios no se queda solamente en la mente y el corazón que asienten con fe, sino que supone una llamada fuerte al creyente para hacer lo que Dios manda. Y que esa unión de tres Personas en un solo Dios, nos está invitando al difícil arte de sentir, pensar y querer con actitud de unidad aunque seamos muchos. Aplicable a la familia, a las relaciones humas, sociales y en lo esencial de las políticas, aunque sean diferentes concepciones de la vida y de la historia.
          COMULGAMOS el Cuerpo de Cristo, la 2ª Persona de la Trinidad, pero donde está el Hijo está el Padre y el Espíritu. Y así todos los días hasta el fin del mundo.


En el año 2017, el sacerdote Manuel Cantero, escribía esto:

Unidad en la diversidad

Liturgia.- La Santísima Trinidad
          Imagino que el liturgo que escogió las lecturas de esta fiesta para el ciclo A, tuvo una visión más amplia y significativa de lo que yo capto, pues la verdad es que en estas lecturas sólo se roza el misterio de la Trinidad en la doxología final de la 2ª lectura (2 Cor 13,11-13) en que Pablo concluye con una referencia expresa al misterio que celebramos: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con vosotros. La originalidad del Apóstol –que hoy presentan descafeinada muchas formas de expresarlo- es el empleo del imperativo: “esté con vosotros”. Ha hecho Pablo referencia al amor del Padre, que viene ahí como principio de todo lo demás, que es quien envía al Hijo, a Jesucristo, como el que gana para nosotros la gracia de Dios por su obra redentora de su muerte y resurrección; y el Padre y el Hijo se quedan permanentemente con nosotros en esa comunicación del Espíritu Santo, que es la presencia permanente de Dios en nosotros, porque es el Espíritu de Dios que ha constituido su templo, su casa, su “sala de estar” en el corazón de cada persona  que vive en gracia de Dios.
          Todo esto tiene una trascendencia muy fuerte porque hemos de ser conscientes de la permanencia de Dios en nosotros mientras estamos en gracia, y cómo el Espíritu de Dios abandona su “sala de estar” que queda manchada por el pecado. Y hoy no es extraño que las pasiones de la sensualidad humana acaben expulsando a Dios de ese su templo en nosotros, por el penoso disfrute de  unas malsanas curiosidades.
          La otra lectura –la 1ª, del libro del Éxodo (34,4-6. 8-9)- están más centradas en la acción de Dios que baja a entregar a Moisés las tablas de la Ley, con sus dos partes diferenciadas y complementarias de lo que toca a la relación del hombre con Dios y a la relación que tenemos que tener unos con otros. A ese Dios pide Moisés que acompañe al pueblo siempre, y perdone sus pecados, aun contando con que es un pueblo muy duro de cabeza, que no la doblega fácilmente. Pero Dios pasa por medio proclamándose a sí mismo Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Es evidente que no hay una relación al misterio que celebramos, pero presenta a Dios que, lo mismo en el Antiguo como en el nuevo Testamento, es un Dios de perdón y de misericordia.
          Así también en el evangelio de Jesús con Nicodemo (Jn 3,16-18) en el que Jesús presenta la realidad de Dios como Dios del amor: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único Hijo, para que no perezca ninguno de los que creen en él. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no se condenará. El que no cree en el Hijo salvador, ya se ha condenado a sí mismo, porque no ha creído en el Hijo único de Dios.
          He querido mantener la secuencia completa, según el propio texto evangélico, porque no se puede decir mejor ni de forma más expresiva. En la Trinidad, el amor del Padre se manifiesta en el envío de Jesús, y la salvación consiste en esa fe que provoca en nosotros el Espíritu Santo, para que creamos en la salvación que nos ha traído la redención de Jesucristo.
          Luego, creo que hemos de sacar alguna consecuencia de tipo realista a esta mirada a la Trinidad. Y es la fuerza que ha de hacer en nosotros el hecho de un Dios en 3 personas que realizan una obra común…, la diversidad que se plasma en una unidad. Y la hemos de proyectar en las relaciones humanas, empezando por la familia, en la que hay una diversidad natural de personas pero donde hay que ir al unísono en el enfoque de los temas importantes sociales o familiares. Ser distintos no debe suponer estar encontrados unos contra otros, sino aunar las fuerzas diversas en la consecución de un fin común. Pensemos seriamente en el modo de vivir de una familia. Pensemos en cómo se resolverían los problemas políticos y sociales. Pensemos, pues, que el misterio de la Santísima Trinidad no se queda para sólo hacer un acto de fe en el misterio sino que tiene repercusiones en la vida, si verdaderamente creemos en este misterio de Dios.

          Cuando ahora nos acerquemos a la eucaristía, EL QUE VIENE A NOSOTROS SACRAMENTALMENTE es el Hijo Jesucristo. Pero el Hijo no se concibe sin el Padre, y el Padre y el Hijo juntos están produciendo en nosotros el efecto importantísimo de dejarnos su presencia habitual en el Dios Espíritu Santo, que es el Dios permanente en nuestras almas que se mantienen en Gracia de Dios. Porque el Espíritu Santo es LA GRACIA misma.

En el año 2016, el sacerdote Manuel Cantero, escribía esto:

Liturgia.- Día de la Santísima Trinidad
          Es lo más difícil de predicar. De una parte estamos ante algo tan sencillo como que Jesús nos ha manifestado esa realidad; y ante algo tan complicado que no hay mente humana que pueda explicar nada de tal misterio.
Sabemos que Jesús nos ha hablado del PADRE. Sabemos que el Padre tomará de Jesús lo que se nos anuncie. Y sabemos que lo que Jesús nos ha dicho necesitará de la venida del Espíritu Santo para llevarnos a la verdad completa. Y más allá de ello son elucubraciones teológicas o populares para querer explicar lo inexplicable. (Evangelio de hoy: Jn 16, 12-15).
Es que MISTERIO es misterio. Y el misterio es algo indescifrable. Los esfuerzos por explicarlo pueden ser meritorios, pero siempre quedarán en meras comparaciones externas, mientras que nuestra relación con Dios-Trinidad es tan simple como nuestra relación con Dios. Y como Dios se ha hecho Palabra en Jesús, Hombre que vivió nuestra humanidad, el conocimiento que podemos tener más claro es el de Jesús. Eso nos basta. Ahora Jesús nos enseña que conocerlo a él es conocer al Padre, y eso nos tiene que bastar.
Incluso ese Espíritu que nos enviará Jesús y que revelará la verdad completa, no nos revelará el misterio de la Trinidad porque dejaría de ser misterio y equivaldría a saber nosotros lo arcano de Dios. A nosotros nos basta la fe en esa obra de Dios que es Jesús. Todo lo que tiene el Padre es mío; tomará de lo mío y os lo anunciará
La 1ª lectura (Prov. 8, 22-31) nos transporta a la eternidad. Una lectura que expresa la Sabiduría de Dios, identificada con Dios mismo, y nos expresa cómo el misterio se realiza ya en esa eternidad. Dichos todos que –al modo humano- tienen necesariamente que hacer referencia al tiempo, que es lo que nosotros entendemos: “al principio”, “al comienzo”, “en tiempos remotísimos”, antes de…”. No podemos explicarlo de otra manera pero se está refiriendo a la eternidad de Dios, que no tiene comienzo. “Entonces” ya estaba realizado el Misterio en la esencia misma íntima de Dios.
Con razón desemboca en el Salmo 8: Señor, Dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierraCuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Salmo mesiánico porque concluye con una mirada al propio Jesús, el Hijo, al que todo lo sometiste bajo sus pies, rebaños de ovejas y toros y hasta las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar, que trazan sendas por el mar.
La 2ª lectura afirma que estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo y el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Caminamos, pues hacia Dios, por medio de Jesucristo en el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.
En la celebración eucarística comenzamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cantamos el himno trinitario del Gloria, y dirigimos nuestra oración a la Trinidad. En el Credo hacemos profesión de fe trinitaria, y ofrecemos luego la Plegaria al Padre, por Cristo, en la unidad del Espíritu Santo. Y concluye todo con la Bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es decir: nos movemos en un ámbito en el que la Santísima Trinidad lo encierra todo.

En el año 2015, el sacerdote Manuel Cantero, escribía esto:
La Santísima Trinidad
          Las celebraciones del año litúrgico concluyeron con la celebración de Pentecostés el pasado domingo. Ahora quedan determinadas acentuaciones de misterios cristianos de mucha importancia, que la Iglesia nos pone delante para avivar aspectos centrales de nuestra fe: la Santísima Trinidad, el Corpus, el Sagrado Corazón.
          Hoy detenemos la atención en la esencia íntima de Dios, que es UN SOLO DIOS, pero que por ser tan infinito se desenvuelve y manifiesta en TRES PERSONAS.
          Jesucristo nos lo pone delante en su despedida de este mundo, cuando envía a sus apóstoles a predicar el evangelio por todo el mundo, bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
          Un Dios que no tiene igual, como nos lo expresa Moisés hablando a su Pueblo, y exhortándole a reconocer que el Señor es el único Dios, allá arriba en el Cielo y aquí abajo en la Tierra. En consecuencia hemos de aceptar y vivir sus preceptos, mandatos y enseñanzas.
          Es el mismo Dios, que es Padre, y que envía a su Hijo al mundo. Y nuestro mundo ha tenido la insospechable realidad de que Dios ha vivido en nuestra tierra, ha caminado por nuestros caminos, ha trabajado  como los otros hombres. Ha padecido como uno cualquiera y con su muerte ha levantado de la basura al pobre hombre que somos, y nos ha levantado y nos ha hecho poco menores que los ángeles. Gracias a la obra de Dios en nuestro mundo, en le persona de Jesús, nosotros podemos mirar a Dios y caminar hacia Él, siguiendo las huellas del Hijo.
          Y el Hijo, al marcharse de ste mundo para regresar al trono del Cielo, nos ha enviado a Dios, en la Persona del Espíritu Santo, que vive dentro de nosotros y que cierra el círculo de nuestra vida con esa impensable realidad de que el hombre mortal pueda dirigirse a Dios y llamarle: ¡PADRE!
          En consecuencia nosotros somos hijos de Dios y somos –en Cristo- herederos de la Gloria del Padre.
          Todo ello está marcado a fuego en nosotros por el carácter bautismal, una señal imborrable que llevamos grabada a fuego en el alma desde el momento de nuestro Bautismo.
          Y una realidad que nos transforma y nos hace dignos de acercarnos a recibir a Jesús en la Comunión y a participar de pleno derecho en todos los misterios cristianos, porque hemos sido elevados a ser HIJOS DE DIOS.


En el año 2014, el sacerdote Manuel Cantero, escribía esto:

 Al acabarse el año litúrgico –centrado en los misterios de la vida de Jesucristo, la liturgia hace una síntesis de la fe cristiana, estableciendo el DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, que recopila la Historia de la salvación.
             Dios, el único y soberano Dios que conocían los primitivos, que ha creado el universo y al ser humano, anuncia la llegada a la humanidad de un Salvador triunfador. Pasarán siglos, y en cuando llegó la plenitud del tiempo que Dios mismo había señalado, envió al mundo a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley. El que era Dios misterioso, de quien Moisés no podía ver el rostro –[1º lectura]- aparece ahora en medio de la humanidad con rostro y figura y realidad humana: pasa por entre los hombres, vive con ellos, hace el bien y sufre el mal… Aunque es igual al Padre, aprende sufriendo a obedecer, y llegado a la consumación, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en Él. Dios se ha hecho visible, y sin dejar de ser Dios, es también Hombre. Tenemos a Dios –en Persona de su Hijo- siendo el Dios cercano, tangible…, un Dios que sufre y goza… Un Dios que enseña y padece. Un Dios que ama hasta el exceso y puede llegar a la muerte en la muerte de Jesús.
             Por Él –[Evangelio]- palpamos el amor de Dios, que ha mandado a su Hijo al mundo para salvar al mundo. Y todo el que cree en Él tiene vida eterna y no se condena.
             Y cuando Jesús, Hijo de Dios, cubierta su misión en la Tierra se vuelve al Cielo, no nos deja huérfanos, sino que nos envía al Espíritu Santo, que realiza la Presencia de Dios, permanente, íntima, profunda, en las almas… Que es la GRACIA MISMA DE DIOS, que nos invade y nos va transformando. Vivimos ya la era del Espíritu Santo, por el que mora en nosotros TODA LA SANTÍSIMA TRINIDAD, y nos acompaña en todos los momentos de nuestra vida.

             La inteligencia teológica del MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD debe, sin embargo, “abajarse” hasta hacer de esa realidad sublime algo práctico, algo que exprese aplicaciones actuales y que aporten a nuestro vivir diario.
             El primer reflejo de la Trinidad en la vida humana es LA FAMILIA. Personas distintas y diversas, pero una sola familia. En ella hay diferentes estilos, gustos, modos. La familia supone que en medio de esa variedad se mantiene siempre una unidad. Se camina en una dirección, se persiguen unos objetivos…, aunque cada uno aporta sus propias cualidades, sus propias limitaciones, su edad, su psicología... Pero todos van arropando una UNIDAD familiar.
             Son un reflejo de la Trinidad santa, ¡y deben serlo, y tienen que procurar irlo siendo! Porque lo que no puede ser es que la fe vaya desencarnada por la vida, sino encarnada en las realidades más concretas.
             Otro reflejo trinitario lo constituye la sociedad. O para cerrar un poco más el círculo, todo colectivo humano: laboral, social, de asociación voluntaria… Caben múltiples tipos de personas, múltiples formas colectivas. Pero la única manera de que una variedad de personas funciones en un determinado fin es que haya un OBJETIVO COMÚN, una unidad de fin. Luego, cada uno es quien es y como es. Pero todos los miembros de una empresa, de una hermandad, de un club, tienen que remar en la misma dirección del fin que se pretende. Es posible y es necesario LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD.

             En la Liturgia Eucarística comenzamos En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…; exultamos en el himno del “Gloria” dirigido a la Trinidad, y hacemos solemne Profesión de fe en la Trinidad. Oramos al Padre con la intercesión del Hijo, cuya presencia en el Altar se hace bajo la invocación del Espíritu Santo, para concluir en la solemne doxología final: Por Cristo…,a ti, Dios Padre…, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria. Y acabaremos con la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. El misterio trinitario está ahí constantemente presente, como el magma en que se desenvuelve la fe católica.


             El AMOR DE DIOS al mundo, se expresa en el AMOR DEL HIJO ENCARNADO –amor plasmado en la gama de sentimientos nobles del CORAZÓN DE JESÚS-, que nos revela y a los que nos mueve e impulsa el Espíritu Santo, que es EL AMOR MISMO PERSONAL DEL PADRE Y DEL HIJO. ¡Tanto amor que no se quedó “dentro” y se expresó en una PERSONA!

En el año 2013, el sacerdote Manuel Cantero, escribía esto:
SANTÍSIMA TRINIDAD
             Realmente el misterio más alto de toda nuestra fe, al que podemos acercarnos de alguna manera pero nunca pretender comprenderlo. Podemos intentar explicaciones, figuras, comparaciones.  Pero el Misterio es el misterio, y no intentamos poseer su secreto último.  CREEMOS, porque así nos lo va mostrando la Sagrada Escritura, que Dios infinito y eterno se expresa en tres Personas, como una forma de ofrecernos más campo de expresión y conocimiento de su Divina Majestad. Pero que –en definitiva- estamos siempre hablando del DIOS ÚNICO, porque sólo puede haber UN DIOS.
             EL Ciclo litúrgico designado con la letra C no es el más explícito. Lo que expresa en la primera lectura es la eternidad de Dios. Porque al hablar de la Sabiduría, siempre va expresándola como anterior y pre-existente a cualquier otra realidad.  Cuando surge el globo de la Tierra, ya estaba antes la Sabiduría. Cuando se hizo la Creación, con sus montes, sus vegetales, sus animales, ya existía esa Sabiduría.  Lo que puede interpretarse de dos formas: ya existía Dios, que tiene esa Sabiduría, o llega a expresarse a Dios en esa SABIDURÍA que precede a todo, y que ha ido haciendo sabiamente el mundo entero.
             En la 2ª lectura San Pablo empieza diciendo que ya hemos recibido la gracia de poder estar en paz con Dios por medio de Jesucristo…, y acaba con la afirmación de que Dios ha derramado en nuestro corazones el Espíritu Santo, con lo cual nos está mostrando que Dios actúa en nosotros indistintamente desde una u otra de sus Divinas Personas.  Lo que con simplicidad puede decirse que Dios actúa en nosotros;  o que Cristo nos ha salvado, según el plan de Dios. O que el Espíritu Santo habita en nuestros corazones, como Dios que ha tomado posesión en nosotros y se ha establecido ahí, como en su propia casa.
             El Evangelio vuelve a esa misma realidad: Jesús, el Hijo, hace lo que le agrada al Padre. El Espíritu Santo no hace nada que no vea hacer al Hijo. Y al final queda que estamos bajo esa realidad trinitaria de Dios ÚNICO, que se expresa indistintamente por una u otra de sus divinas personas.

             ¿Cómo poner eso en lenguaje simple?  - Vivir en GRACIA DE DIOS es vivir en ese –ámbito en el que Dios es quien nos lleva. Cuanto podemos hablar de Dios, cuanto podemos intentar barruntar del Espíritu Santo, se nos ha puesto de manifiesto en Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre y vivió entre la humanidad de su tiempo como un hombre cualquiera. Con eso podemos nosotros acercarnos mucho más a la verdad de Dios, porque Jesús nos lo pone delante en las propias obras, criterios, pensamientos, enseñanzas de Jesús.  Él ha estado aquí abajo, Él ha vivido el día a día de la vida humana. Él ha conocido nuestras debilidades y nuestras grandezas. Él ha podido poner ante nuestros ojos la grandeza del amor de Dios. Por eso la fe no tiene que complicarse pretendiendo comprender el misterio, sino centrarse en Jesús, en su Evangelio, que nos va desarrollando –en la propia vida de Jesús- todo el misterio de Dios, puesto a la altura de una realidad humana, como la que Él vivió.

             A la altura de una EUCARISTÍA en la que Él se viene a nosotros para ser dentro de nosotros una semilla que va desarrollando y desplegando nuestra fe.  Para ser un EVANGELIO vivo que nos va ampliando con gran pedagogía –adaptada a nuestras capacidades- quién y cómo es ese Dios Trinitario que vive en nosotros y va haciendo su obra en nosotros.  Al que hemos de ir respondiendo sin dejarnos anquilosar en modos y formas que ya se tienen, sino creciendo siempre porque Dios es SIEMPRE MÁS.




En el año 2012, el sacerdote Manuel Cantero, escribía esto:


SANTISIMA TRINIDAD
             Estamos hoy ante el más grande misterio de los misterios, incomprensible e inexplicable: el misterio de TRES PERSONAS que están siendo UN SOLO Y ÚNICO DIOS.  Misterio de la infinitud de Dios, que es inabarcable por la mente humana, pero propio del Ser Infinito, que rebasa todas las medidas mensurables por la realidad nuestra.
             Bajando a la Liturgia de este Domingo, tres lecturas van acentuando la realidad de cada una de las Personas de la Trinidad única.  La primera mira al Dios eterno, único conocido por los antiguos. Un Dios que siendo Dios se ha dignado acercarse a la humanidad, a un Pueblo, sin que ese infinito fuego lo derrita y aniquile.  Por el contrario ha bajado hasta este mundo y los hombres han podido oírlo y seguir sobreviviendo; ha hablado de amigo a  amigo, y ha realizado portentos y maravillas para conducir a ese Pueblo.  Debe haber una coherente respuesta en ese Pueblo, cumpliendo sus preceptos, mandatos y decretos.  Amor con amor se paga, y en el amor a Dios no cabe sino la obediencia, la reverencia, el sentirse de rodillas ante la inmensa Majestad divina.
             La segunda acentúa la obra y Presencia del Espíritu Santo. Mientras las religiones expresan siempre el temor y el terror ante sus dioses, a los que hay que aplacar, el cristiano ha recibido un Espíritu para no recaer en el temor sino para vivir el amor, ese amor que nos hace poder llamar a Dios: PADRE, sintiéndonos verdaderamente hijos de Dios.
             En el Evangelio, Jesús ha constituido una Iglesia que se asienta sobre la fe en un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y una consagración vital del creyente para dedicación a ese Dios que santifica y une en una sola Iglesia.

             Para mucha gente todo esto es un misterio que se cree y con ese asentimiento de fe ya está todo hecho. Y sin embargo es de una concreción práctica amplísima en la vida de la persona y la sociedad.
             UNA PERSONA tiene memoria, entendimiento y voluntad. UN ALMA O ESPÍRITU, pero con potencialidades diferentes. Recuerdo hechos y situaciones que tienen que levantar modos de pensamiento y actitudes de voluntad. Tienen que estar estructuradas en una sola dirección. La memoria pondrá la materia prima. El entendimiento elabora en uno u otro sentido. La voluntad reacciona de acuerdo con él.  O la voluntad se apoya en un recuerdo, evoca circunstancias, y reacciona primariamente sin dejar entrar el tamiz del entendimiento.  Tendremos una persona estructurada o desestructurada; normal y equilibrada o “esquizofrénica”, rota, tensa, fuera de quicio.
             Llevado al plano espiritual, UNA ES LA FE.  Pero la fe tiene que llevar a un modo de pensar, a una criba de trigo y paja, a una superación de “impresiones” y de “particularidades” (tan posibles en donde hay tantas diversas personas).  UNA SOLA FE estará asentada sobre el cimiento de la Iglesia, y se expandirá sobre las mil y una variedades de instituciones y –dentro de ellas- de personas.  Cuando hay una fe sólida, auténtica, basada en UN SOLO DIOS, ya puede haber la variedad que haya y hasta las diferencias que haya y los errores o situaciones que pueden darse… LA FE EN LA ÚNICA IGLESIA, y el apoyo en esa fe y en esa iglesia tendrán una persona equilibrada, centrada, firme, asentada.  En cuanto tiremos de la manta para “mi comunidad”, “mi asociación”, “mis modos de entender”, estamos rompiendo el manto sin costura del propio Cristo.
             La sociedad civil es otra aplicación muy sencilla de comprobar en los momentos presentes. ¿Cómo estamos? ¿Cómo nos devoramos? Ni políticos, ni naciones, ni ideologías, ni personas…, están al servicio del bien común.  Hablamos de UNA SOCIEDAD y es mentira.  No hay sociedad. Hay egoísmos infames y destructores, confusos (como en Babel).  Sin embargo estábamos llamados a un entendimiento como el de Pentecostés, que –aun con diversas lenguas- todos entendían el mismo discurso.
             La familia. UNA FAMILIA, UN HOGAR, y diversos miembros de diversas edades y generaciones. UNA FAMILIA donde hay armonía, acogida, cariño, comprensión…  Y los hijos son normales, felices, sanos. Es una familia estructurada, imagen de la Trinidad, donde la diversidad no rompe la unidad.  Cambiamos los términos y tendremos unos niños difíciles, imposibles de barajar, díscolos, violentos. ¿Son los niños los difíciles o son los padres y el clima familiar?  Familia desestructurada. Psicologías enfermas.  Allí no hubo un espejo de UNIDAD EN LA DIVERSIDAD como en la Trinidad divina.
             Y cuando toso eso se proyecta en la EUCARISTÍA, realización de todo cuanto Dios ha enseñado, querido y hecho por su mano, podremos encontrarnos con algo tan serio como esa acuciante palabra de Pablo a aquella comunidad en Corinto, a la que le llega a decir que lo que están haciendo en sus asamblea –aunque se reúnan para común unión, eso no es COMUNIÓN ni es asamblea, porque eso no es celebrar la Cena del Señor.  Cuanto más pienso esas palabras, más me dicen la terrible ruptura de unas facciones de iglesia que en vez de apiñarse, se disgregan.  ¿Estará realmente presente Cristo en esas pretendidas eucaristías?

jueves, 4 de junio de 2020

Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote

El sacerdote Manuel Cantero, escribió lo siguiente en 2014, día de esta Fiesta.

 La Liturgia está plagada de fiestas entrañables en este final del tiempo pascual: En lo más solemne, la Santísima Trinidad, el Corpus, el Sagrado Corazón. Pero en otra línea quedan las fiestas –más solemne- de JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE, y la del Inmaculado Corazón de María. Un sembrado de fechas recordatorias de misterios maravillosos que tenemos la dicha de celebrar los cristianos… Hoy es una de ellas, muy entrañable.
             Jesucristo es el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza. Y hoy se celebra la fiesta litúrgica. 

en 2015

Oh, Sacerdote:
          Tú no eres tú, porque eres Dios.
          Tú no te perteneces porque eres siervo y ministro de Cristo.
          Tú no eres tuyo, porque eres Esposo de la Iglesia.
          Tú no eres para ti, porque eres mediador entre Dios y los hombres.
          Tú no eres el centro, porque eres pecador.
          Tú no eres por ti mismo, porque eres nada.

          Tú, ¿quién eres?, ¡oh Sacerdote!  NADA y TODO.
          ¡Oh Sacerdote!: cuídate que puedan decirte lo que le dijeron a Cristo en la cruz: “A otros salvó; a sí mismo no puede salvarse”.                                 (San Norberto)

          NADA y TODO. Quizás la gran respuesta. Nada porque cuanto llevo en mi sacerdocio no es mío. Se me ha dado, y se me ha dado para los demás. Y porque humanamente soy sólo un pobre hombre; ni siquiera el más inteligente, el más santo, el más fuerte. ¿Qué digo? Ni inteligente, ni santo ni fuerte. Como la persona que soy, soy uno del montón.
          Y sin embargo, TENGO TODO EN MÍ. Soy instrumento de Dios para perdonar. Soy un encargado que hace bajar a Jesús al Altar. Soy un profeta que está puesto para trasmitir la palabra de Dios. Soy un testigo de la Iglesia que bendice el amor de una pareja que se une ante Dios. Abro la puerta de la fe por el Bautismo y despido al creyente hacia su última morada. Soy nada y soy un enorme instrumento que se escogió el Señor para continuar su presencia en la tierra. A MÍ MISMO NO ME PUEDO PERDONAR LOS PECADOS Y ¡sólo Dios sabe las cargas que pude levantar de quienes acudieron a mí para pedir el perdón a Dios! Y sólo Dios sabe las veces que ayudé, aun sin saber yo mismo lo que hacía y sin ser yo mismo la persona que podía curar aquellas heridas. ¡Y sin embargo, fue así una realidad de la Gracia de Dios para otros!
          Siempre fui “devoto” de la burra de Balám porque, aunque jumento, fue clave para que el profeta hiciera la obra de Dios. O esa oración del borrico, que estuvo de moda un tiempo, en la que borrico y todo, se congratulaba de haber podido estar presente en Belén.
          Soy Sacerdote… Soy nada y soy todo. Cuando muchas veces me han preguntado de dónde saqué alguna palabra, alguna solución, alguna descripción…, mi respuesta muy sincera es: Yo no lo sé. ¡Es que no lo sé! Aunque comprendo que aquello lo dije yo, o lo escribí yo, o fui yo el que puse mi atención en comprender alguna pena. Pero soy yo, el SACERDOTE, el que fue levantado del estiércol y puesto en el lugar de Jesús para abrir la luz a los demás. Ojalá que no tenga que acabar como la oración de San Norberto: A otros salvó y a sí mismo no se sabe salvar. Hoy estoy seguro que muchos pediréis por mí y me ayudaréis a ser de verdad SACERDOTE, el que está ordenado según el rito de Melquisedec, en la línea del sacerdocio eterno de Jesús.

en 2018

La liturgia de hoy celebra como fiesta a JESUCRISTO COMO SUMO Y ETERNO SACERDOTE. Es la fiesta de exaltación del sacerdocio, centrada en la persona de Jesús, el creador del nuevo sacerdocio del Nuevo Testamento, encarnado en él, primeramente, y participado luego por cada sacerdote que tenemos la dicha de haber sido llamados a ejercer ese excelso ministerio. La ORACIÓN de la Misa pide para los sacerdotes a los que Él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido.


lunes, 1 de junio de 2020

LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO. DOMINGO DE PENTECOSTÉS.


Hoy culmina el tiempo pascual. Celebrada la Resurrección de Jesús y su Ascensión al Cielo, queda por celebrar la fiesta del Espíritu, que Jesús prometió enviar cuando él se fuera, de modo que Dios se quedaba entre los hombres. Ese Espíritu es Espíritu de la Verdad, que nos lleva al conocimiento más pleno de Jesús y de nuestra salvación. Es Espíritu impulsor de las gracias de Dios sobre nosotros, inspirándonos en los momentos más necesarios, y moviéndonos hacia el bien. Por eso Jesús advirtió a sus apóstoles que os conviene que yo me vaya porque entonces os enviaré el Espíritu Santo, que os hará comprender todas las cosas que os he dicho.

El 9 de Junio de 2019, el sacerdote Manuel Cantero, Q.e.p.d. escribió en su blog sobre el día de Pentecostés que celebramos ayer.


          La liturgia nos lleva primero al momento histórico en que se produce la invasión del Espíritu sobre los apóstoles, estando ellos juntos. (Hech.2,1-11). De repente se produce un ruido del cielo, como de un viento recio que resonó en toda la casa. El viento como primer signo de esa presencia. Ya advirtió Jesús a Nicodemo que el Espíritu sopla donde quiere y es como el viento que no se sabe de dónde viene y adónde va, pero lo perciben los que aceptan al Espíritu.
          Vieron aparecer unas lenguas como llamaradas que se repartían, posándose encima de cada uno. El fuego, otro de los signos de ese Espíritu: “ser bautizados en Espíritu Santo y fuego”, que es elemento acrisolador, que purifica. Y que se posa sobra cada uno de los apóstoles, que quedan llenos del Espíritu Santo y empiezan a hablar en lenguas diferentes.
          El suceso se hace patente porque acuden gentes procedentes de 16 países y dialectos o lenguas distintas y cada cual oía hablar en su propia lengua las maravillas de Dios, lo que deja desconcertados a los oyentes. Pero es uno de los efectos de ese Espíritu, que se expresa en cualquier lengua y habla todas las lenguas, y así pueden entenderlo gentes del mundo entero. La inspiración del Espíritu es muy interior, y cada uno puede “escucharlo” en el fondo de su alma.

          La 2ª lectura es una enseñanza sobre el Espíritu que da Pablo a sus fieles de Corinto (1ª,12,3-7.1213) en la que le dice que ni siquiera puede hacerse la afirmación de “Jesús es el Señor” si no es inspiración que pone en el alma el Espíritu Santo. Ese espíritu se manifiesta de muchas formas, pero siempre es el mismo Espíritu.
          Lo que sí es cierto es que siempre se manifiesta para el bien común, de manera que cada miembro del Cuerpo de Cristo recibe un impulso, pero lo que uno recibe, no lo recibe para si sino para el bien del conjunto. Porque todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

          El evangelio nos retrotrae al domingo de resurrección (Jn.20, 19-23), que es –en el evangelio de San Juan- el momento de Pentecostés. Estaban encerrados los Once en el Cenáculo con las puertas y ventanas cerradas por el miedo a los judíos. Allí se les presenta de improviso Jesús resucitado, que se pone en medio de ellos y les saluda: Paz a vosotros, como el signo primero de la presencia de Jesús: la paz.
          Luego sopla sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu Santo. El “soplo”, el “aire” o el “viento”…, formas diferentes castellanas que responden a una sola palabra hebrea que expresa al Espíritu. Por eso el gesto y la palabra de Jesús son una misma realidad. El Espíritu viene sobre aquellos Once, que son constituidos los trasmisores de la acción de ese Espíritu, y muy concretamente en un sentido: A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes no se los perdonéis, no se les perdonan. Aspecto que desconocen los que pretenden la imaginaria “confesión directa con Dios”, o que dejan la Confesión como un sacramento que sólo se recibe de muy tarde en tarde. El poder del perdón ha sido depositado en los apóstoles, que serán los que vayan trasmitiendo a sus sucesores la misma potestad para que el perdón de los pecados sea posible a través de la historia en todas las lenguas y en todos los países.

          Pentecostés tendrá hoy su realización entre nosotros a través de la EUCARISTÍA, en la que Jesús nos hace constar que su presencia permanente en la Iglesia se verifica por la presencia del Espíritu, que nos impulsa vivir acordes con la voluntad de Dios.


domingo, 24 de mayo de 2020

DOMINGO DE LA ASCENSIÓN (CICLO A)

HE AQUÍ LO QUE ESCRIBIÓ EN SU BLOG.
La última vez que el padre Cantero celebró el domingo de la Ascensión (ciclo A), que corresponde al mismo que este año 2020, fue en 2017.

La 1ª lectura es la más significativa en esta fiesta de la Ascensión. San Lucas nos ha narrado la secuencia completa de los últimos momentos de Jesús en la tierra. Una vez que comían juntos les recomendó: No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre…: seréis bautizados en Espíritu Santo. Hech 1,1-11.
          Los apóstoles le rodean y preguntan  si es ahora cuando va a restaurar el reino de Israel, que era la obsesión que ellos concibieron siempre, pensando en el fin de la dominación romana y el comienzo de un Israel libre y llevado de la mano de Dios. Jesús les responde que no les toca a ellos saber esas circunstancias; que cuando venga el Espíritu Santo recibirán fuerza para ser testigos de Jesús en todo el mundo.

 Y allí debió quedar aquello, y Jesús los citó para que ellos y los discípulos estuvieran en el Monte de los Olivos en un determinado momento. Allí se reunieron ellos, junto a la Virgen Santísima, y allí apareció Jesús en medio de ellos. Se despidió de ellos, les tuvo palabras muy personales y consoladoras, y en un determinado momento alzó sus brazos en movimiento ascendente y comenzó a elevarse… Una oportuna nube se interpuso de modo que no pudieron verlo más, y de la nube surgió la figura de dos hombres vestidos de blanco, que les hicieron recapacitar: no hay que seguir mirando al cielo. Ahora hay que volver los ojos a la tierra, porque ahí está ahora la nueva presencia de Jesús, del mismo Jesús que volverá como le habéis visto marcharse.

 La 2ª lectura (Ef 1,17-23) nos lleva hasta el triunfo de Cristo en el Cielo, donde se dice que resucitado de entre los muertos, está sentado a la derecha de Dios en el cielo, por encima de toda criatura, no sólo de lo conocido de este mundo sino que todo lo puso a sus pies. Eso, sí, sin desligarse de la tierra en donde queda en la Iglesia como Cabeza. Ella es su cuerpo.

 Y el evangelio, tomado de San Mateo (28, 16.20), como corresponde a este Ciclo A en el que estamos, nos lo pone ya en los efectos que esta presencia de Jesús tienen que darse entre nosotros, aquí abajo, donde vivimos. Por lo pronto, Jesús afirma: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra, de modo que la ascensión no ha sido un despegarse Jesús de nuestro mundo. Todo lo contrario: elevándose desde Jerusalén hacia el Cielo, lo que ha hecho es acercarse a toda la humanidad, que lo tenemos ya igualmente cercano, vivamos donde vivamos.
          Y lo que Jesús presente quiere ahora es que con ese poder que él ha recibido y que nos lo pone en las manos, nosotros vayamos al mundo entero, bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…, consagrando a los hombres al amor de Dios, y enseñándoles a guardar todo lo que ha mandado. Su presencia actual entre nosotros es una presencia misionera, para que no dejemos de posibilitar a las gentes a continuar en la tierra la presencia de Jesús. Aquella palabra de la 1ª lectura: el mismo Jesús que habéis visto subir, así bajará, se cumple en esta realidad de los creyentes bautizados que son la presencia actual de Jesucristo en la vida de este mundo. Por eso, sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Realidad que se hace presente en la EUCARISTÍA, que se viene celebrando más de 20 siglos en la Iglesia, y donde tenemos la dicha de encontrarnos con Jesús cada día, y así lo será hasta el fin de los tiempos. Y que, como cae de su  peso, debe convertirse en presencia activa y real en cada uno de nosotros hasta hacer real esa pertenencia nuestra adquirida en el Bautismo, que nos consagra y dedica a Dios de por vida.
          La resistencia que estamos comprobando en muchas familias que no bautizan a sus hijos, nos está poniendo delante la inconsistencia de personalidad de estos momentos históricos, en los que el compromiso formal de la vida está por los suelos, y sólo se pretende gozar del momento presente sin mirar más hacia adelante y a lo que supone tomar postura personal ante la vida. Vivimos una era en la que la palabra de Jesús; estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, lejos de crear atracción, provoca aversión, porque se tiene un miedo cerval a todo lo que es duradero y perenne. Para nosotros, los creyentes, es la inmensa satisfacción de saber que Jesucristo siempre nos acompañará y que su presencia es salvadora.

ANTERIORMENTE, EL CICLO A, FUE EN 2014, Y EL PADRE CANTERO ESCRIBIÓ ESTO:

nos llega hoy la FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, la guinda del triunfo de Jesucristo.
             Vamos a seguir la liturgia, o pedagogía litúrgica de este día del Ciclo A. Por tanto, con el evangelio de San Mateo:28, 16-20. San Mateo no habla de la ascensión. Nos habla de un monte al que habían sido convocados por Jesús. Como es final de evangelio y las palabras son de despedida, la liturgia lo sitúa como el momento que hoy tiene su encaje. Cuando Jesús se presenta allí (que todavía hay quien duda, según esta narración), Jesús empieza por una donación especial: el poder suyo, el recibido del Padre, Él lo trasmite a sus apóstolesSe me ha dado pleno poder… Pues ID AL MUNDO. Un “ID” imperativo; una vocación misionera. [Ese “ID” es el mismo del final de la celebración de la Misa. “Misa!= misión, envío. Y aunque se haya desvirtuado su sentido con el tímido “podéis ir en paz”, en realidad es el mismo mandato de Jesús a salir a la calle , con el pleno poder de Jesús, y llevar ansia misionera contagiosa].
             ID, haced discípulos…: contagiad por donde vayáis, hacer notar vuestra fuerza [dar razón de vuestra esperanza, que decíamos el domingo pasado], y bautizad, enseñando… Va todo concatenado. “Hacer discípulos” es contagiar vuestra fe, es animar a la paz y atractivo de la figura de Jesús… Es “bautizar”…: consagrar para Dios, y primordialmente para Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Consagrar es una dedicación comprometida y exclusiva; una pertenencia. Cuando se falla a esa “consagración” se produce una profanación: de tener una vida puesta en las manos de Dios, a arrebatarle a Dios el don que le ofrecimos y darlo a otros…
             Por eso Jesús une el “bautizar” al enseñar. Es absurdo buscar que los niños estén bautizados si no hay una mínima garantía de enseñanza en la fe que se le ha donado. Y nosotros, ya adultos, no podemos permanecer en “la fe del carbonero”, sino que tenemos verdadera obligación moral de seguirnos formando, en medio de un mundo hostil, que puede rozarnos –y no poco- nuestros principio cristianos.
             Para poder vivir todo eso, tenemos un aval de Jesucristo: sabed que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Lo cual engarza ya con la 1ª lectura, que es la narración de San Lucas en su segundo libro de Hechos de los Apóstoles: 1, 1-11. Ahí se nos habla expresamente de la ascensión de Jesús: comenzó a levarse…, inició un movimiento significativo hacia las alturas. Los discípulos se quedaron mirando embobados aquella marcha de Jesús. Pero pronto se interpone la nube que les quita la visión de lo innecesario. ¡Ya hemos visto que Jesús cierra su triunfo con la subida al Cielo! Pero Él ha dicho que estará con nosotros hasta el fin del mundo, y ahora se hacen presentes aquellos varones que se dirigen a los apóstoles y les dicen: ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al Cielo?  El mismo Jesús que habéis visto subir, bajará. Propiamente hay que decir: Ya ha bajadoEstá con vosotros hasta el fin del mundo. Volved, pues, los ojos a la tierra y descubrid ahí la presencia de Jesús vivo. Ahí es donde tenéis que vivir el mandato de IR AL MUNDO, HACER DISCÍPULOS, BAUTIZAR Y ENSEÑAR.
             ¿Qué hemos de enseñar? La 2ª lectura –Ef 1, 17-23- nos va apuntando líneas maestras: Dios, el Padre de Jesucristo os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Primera enseñanza: el buscar meterse en la Palabra de Dios, que nos conduzca al conocimiento de la revelación de Dios. Dios ya ha revelado; Dios ya pone a nuestro alcance del don de la sabiduría espiritual. Ahora nos queda que BUSCAR NOSOTROS los medios para aprender, meditar, conocer mejor le fe que creemos. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis la esperanza a la que os llama… “Ojos del corazón”, “corazón para comprender”, “comprender la esperanza”… Parecen términos contradictorios. El corazón siente más que ve… Y sin embargo hay que ver con la profundidad del corazón, que así comprende (y no intelectualmente, sino con la fuerza del alma) esa fe que nos hace vivir en esperanza, aun en medio de tribulaciones, dificultades, oposiciones…
             Con el poder del Cielo, con la misión y mandato del Señor a vivir consagrados y contagiando a otros, Jesús se hace presente todos los días hasta el fin del mundo. Pero todo eso requiere una vida del corazón que se implica de verdad en la fe y esperanza a la que somos llamados, con la riqueza de gloria que nos da en herencia, y la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo resucitado, y SENTADO A LA DERECHA DE DIOS EN EL CIELO.
             El resto se nos queda aquí en la Eucaristía, como remate y llamada y MANDATO concreto. Hay que ponerse en movimiento. HAY QUE IR…